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domingo, 26 de mayo de 2013

Papa Francisco: No nos interesa ser redimidos.

Carta abierta a Jorge Mario Bergoglio, Papa Francisco.
(Puede enviar el enlace de esta carta  http://blog-sin-dioses.blogspot.com/2013/05/papa-francisco-no-nos-interesa-ser.html a la cuenta de Twitter del Papa @Pontifex_es)


Bogotá, Mayo 25 de 2013

Señor: 
Jorge Mario Bergoglio
Papa de la Iglesia Católica Apostólica y Romana


Reciba un cordial saludo de la Asociación de Ateos y Agnósticos de Bogotá.

Gran eco tomaron sus palabras de que la salvación predicada por el cristianismo está disponible para nosotros, los ateos y ateas del mundo. Muchos periodistas resaltaron su deseo de acercarse a los que hemos renunciado a la fe religiosa, o que nunca la hemos tenido, señalando la diferencia de tono entre usted y su predecesor Joseph Ratzinger, quien vinculó el ateísmo con el nazismo durante su sermón en el viaje a Inglaterra en el 2010. 

Afortunadamente usted no siguió ese ejemplo. Lo cual sería deplorable ya que la iglesia que usted preside firmó un concordato con Hitler a cambió de la disolución del partido católico alemán para dejarle el paso libre a este funesto personaje que se autodenominó católico, además que los obispos de su iglesia apoyaron con entusiasmo al gobierno pro-nazi y genocida de Croacia de Ante Pavelic bajo el silencio cómplice del Papa Pio XII.

En su misa del 22 de mayo afirmaba que "El Señor a todos, a todos nos ha redimido con la sangre de Cristo: a todos, no solo a los católicos. ¡A todos! 'Padre, ¿y los ateos?’. A ellos también. ¡A todos!"

A lo cual le respondo que seguimos sin entender cuál es la lógica de la redención que predica. En su credo se asume, sin ninguna evidencia, que todos los humanos nacemos con una mancha de pecado original que nos aleja del dios de la Biblia, y que para salvarnos de ir a un infierno, que este mismo dios dispuso, se hace necesario aceptar como expiación una muerte en la cruz ocurrida hace poco más de dos mil años.

Sabemos que la historia del pecado original de Adán y Eva es tan sólo un mito. ¿Cuándo entonces entró el pecado original? ¿Tenían esta mancha los australopitecos de los que provenimos o apareció esta con la aparición del Homo sapiens? ¿Qué sentido tiene un sacrificio tortuoso por un pecado original cometido por personajes que no existieron? ¿No puede este dios tan sólo decidir perdonar a la humanidad sin la horripilante agonía de una crucifixión? ¿Pretende este dios salvarnos de un infierno qué el mismo creo? ¿Entonces, para que lo hizo? Sabe de antemano quien se salvará y quien no, ya que es omnisciente ¿Entonces, somos tan sólo los actores de un guión preestablecido? ¿Cómo se puede estar seguro que este Jesús es parte de dios y no un simple mortal que fue divinizado?

Pretender que la sangre de Jesús salvó a toda la humanidad es una afirmación que se hace sin prueba alguna. Por lo tanto es un atentado contra la razón. Es por esto que no vemos motivo para agradecerle el ofrecimiento de salvación, porque ni nos hemos perdido, ni tenemos que abrazar un hecho inexistente para alcanzar un premio del que no hay manera de saber si existe porque se recibiría tras la muerte. Es algo completamente absurdo, pero también arrogante. 

No nos interesa ser redimidos. No queremos cargar con la tortura psicológica de que tenemos una mancha de pecado original o que debemos aceptar, sin prueba alguna, que la muerte de un predicador judío, que nunca fundó iglesia, religión, ni estableció clero alguno, es la expiación para las faltas reales o imaginarias de los miembros de esta especie de primate bípedo. Hacerlo sería una falta de honestidad intelectual, y nos pondría al servicio del clero y de su moral religiosa que tiene una obsesión morbosa por la vida sexual de las personas para reprimirla y cargarla de culpa. 

En su homilía hizo usted un llamado para hacer el bien, afirmando que si los ateos también hacemos el bien nos encontraremos "allá", haciendo alusión al cielo que ustedes predican. Debo comentarle que los valores como la paz, la honestidad, la responsabilidad, la bondad y demás no deberían ser promovidos a cambio de un premio, sea este real o imaginario, como pensamos que es el caso del cielo.  Cielo que los autores de la Biblia fijaron entre las nubes que vemos (Hechos 1: 9-11; Mateo 24:30) pero que resultó no estar habitado por ángeles ni por dios alguno. Tampoco estamos de acuerdo en que se promuevan los valores con la amenaza de terminar en un infierno. Una persona que no robe o no mate para evitar ir al infierno, no es realmente buena. Solamente se comporta según unas reglas externas que no ha interiorizado ni hecho parte de su estructura moral. Es más saludable promover los valores simplemente porque son lo mejor para todos en el mundo.

Respecto a la maldad causada por muchas guerras y acciones de gobernantes tiranos hemos visto como el Vaticano anuncia que está orando y pide oraciones a los católicos en el mundo. No obstante estas cosas siguen pasando. Esto nos ha hecho dudar seriamente de la eficacia de las oraciones, incluidas las de los sumos pontífices, que deberían tener un mayor efecto. No obstante, vemos que la reacción de su iglesia frente a temas como la eutanasia, los métodos anticonceptivos, el aborto, el matrimonio de parejas del mismo sexo no se limita a decir y pedir oraciones, sino que se ve acompañada en fuertes declaraciones, presiones políticas, llamados a manifestaciones públicas y recaudo de fondos para oponerse a estas cosas. ¿Por qué no hacen lo mismo para atacar de frente la corrupción, la pobreza, la tiranía y la guerra? 

Acciones en esta dirección harían más por el bien en el mundo que la cómoda posición de autorregirse como la conciencia moral de todas las personas, sean estas católicas o no, mientras se fomenta la discriminación contra gays y lesbianas, y se carga a espaldas con una historia llena de antisemitismo, persecuciones, cruzadas, inquisiciones y apoyo a dictaduras. 

No contamos con que tome en cuenta nuestra recomendación, pero con lo que si puede contar es que millones de ateos y ateas en el mundo no entregaremos nuestras mentes al servicio del dogma religioso. Pensamos que para la humanidad es mejor más acciones y menos rezos, mucho humanismo secular y ninguna religión. Trabajaremos en ello.

Atentamente,

Ferney Yesyd Rodríguez Vargas
Asociación de Ateos y Agnósticos de Bogotá
Presidente

sábado, 11 de diciembre de 2010

El antipersonaje del 2010 es Benedicto XVI

El 2010 tuvo una buena serie de declaraciones absurdas y mal intencionadas por parte de Benedicto XVI, cuando comparó el ateísmo con el nazismo, en su visita a Inglaterra en septiembre y en Cataluña en noviembre, haciendo gala de una gran miopía histórica.
Por atacar al ateísmo comparándolo con el nazismo, antiguo aliado del Vaticano, por mentir como suele hacer la secta que lidera, confundir la opinión pública y encubrir mostruos con sotana, es Benedicto XVI el antipersonaje del 2010.

En este blog reproducimos la respuesta del activista ateo Richard Dawkins a las absurdas declaraciones de Benedicto.

Les dejo esta columna de Gerardo Pisarello y Jaume Asens llamada "Los errores de Benedicto"

En ocasión de su reciente viaje a Edimburgo Benedicto XVI cargó contra el “extremismo ateo” y lo responsabilizó del advenimiento de tiranías que, como el nazismo, pretendían “erradicar a Dios de la sociedad”. Ahora, en Barcelona, ha denunciado la irrupción de un anticlericalismo “fuerte y agresivo, como se vio en los años treinta”, y ha instado a “reevangelizar España”. Algunos comentaristas han querido minimizar estas declaraciones, atribuyéndolas a un simple error o a un malentendido, pero una sociedad laica y pluralistano debería tomárselas a la ligera.

De entrada, la invocación de Hitler para descalificar a quienes no comparten sus creencias se parece mucho a la operación de quien considera que no hay mejor defensa que un buen ataque. Pero es poco consistente. El propio Hitler era católico de bautismo y nunca dio señales de ateísmo. En varias ocasiones declaró que su fe cristiana era un antídoto contra “el veneno judío”, y que su objetivo era erradicar el movimiento ateo. La reductio ad Hitlerum también pasa por alto otras cuestiones que conviene no olvidar. Ante todo, la complicidad de la propia Iglesia con dictaduras como la de Mussolini, quien le cedió tres kilómetros cuadrados del centro de Roma a cambio de su apoyo al régimen. Pero también el hecho, excusable pero no inexistente, del paso fugaz de Ratzinger por las juventudes hitlerianas.

Este sesgo también está presente en el intento del Papa de utilizar las luchas anticlericales de los años treinta como arma arrojadiza contra las posturas laicistas de hoy. Aquellas luchas comportaron a menudo actos enconados contra la Iglesia. Pero no fueron gratuitos o simplemente irracionales. Ya en 1870, los obispos denunciaron las uniones civiles como “la legalización del concubinato universal”. Cuando la I República intentó plantear la separación entre Estado e Iglesia, esta se convirtió en un freno a la democratización social y cultural y en aliada clave del corrupto y autoritario régimen monárquico posterior. El pecado imperdonable de la II República fue cuestionar esa historia. La Constitución de 1931 prohibió el mantenimiento económico de las iglesias, decretó la disolución de algunas órdenes religiosas –como los jesuitas– y prohibió al resto adquirir bienes y ejercer la enseñanza. Las propiedades del clero pasaron a ser objeto de fiscalización estatal y, excepto autorización gubernativa, se abolió el culto público.

Es obvio que poco y nada en la política actual evoca semejante programa laicista. Es más, cuando Ratzinger embiste contra el anticlericalismo de los años treinta, no sólo silencia el estrecho vínculo entre Iglesia y poder que explica su surgimiento. También calla la furibunda reacción eclesiástica frente al mismo y su abierta complicidad con los casi 40 años de dictadura nacionalcatólica que vinieron luego. El franquismo, en efecto, reparó ampliamente a la Iglesia por las agresiones sufridas. El Concordato de 1953, apenas alterado tras la Transición, le garantizó exenciones fiscales, subvenciones de toda clase y una incidencia desmesurada en la educación o el ejército. Su poder se hizo sentir también durante la elaboración de la Constitución de 1978, cuando los sectores católicos presionaron con denuedo para que la financiación de la educación religiosa se blindara como derecho fundamental. Esa presión explica que el artículo 16 renunciara a la consagración de un Estado laico, reconociendo la aconfesionalidad pero previendo, al mismo tiempo, el establecimiento de relaciones especiales de cooperación con la Iglesia católica.

A la luz de este relato, no extraña que la Iglesia siga siendo una de las pocas instituciones que, en pleno siglo XXI, milita activamente por mantener viva la memoria de los vencedores de la Guerra Civil, humillando así a las miles de familias de creyentes y no creyentes asesinados por la dictadura. Que Ratzinger exhume el espantajo del secularismo, ocultando la genealogía del extremismo nacionalcatólico, justifica las simpatías que la Iglesia oficial cosecha entre la derecha política o entre la familia real. Pero no así la condescendencia que algunos partidos de izquierda exhiben hacia ella, pensando que aplacarán su afán de interferencia pública.

Durante su visita, Ratzinger no pronunció mea culpa alguno por el apoyo de la jerarquía eclesiástica a dictaduras de diverso tipo, por la persecución de cristianos solidarios con la suerte de las clases populares –como los vinculados a la teología de la liberación– o por la hipócrita y dañina conducta sexual de muchos de sus pastores. Todo lo contrario: el apoyo desmedido de las instituciones le ha servido de plataforma para lanzar una enésima soflama contra los derechos reproductivos de las mujeres, las uniones “antinaturales” entre personas del mismo sexo o la racionalidad científica.

Quien hace estas declaraciones no es un artista o un intelectual provocador. Es el máximo representante de una institución que, pese a haber perdido muchos feligreses, goza de privilegios que sublevarían los ánimos tratándose de otras confesiones. El laicismo blando del Gobierno del PSOE se ha mostrado compatible con un trato de favor que –por convicción o por simple cálculo electoral– ha crecido en los últimos años. Quienes profesan otras creencias religiosas, y llegan incluso a ser estigmatizados por ello, tienen derecho a sentirse discriminados. Quienes no profesan ninguna, y ven cómo los recursos públicos se utilizan para impedir la imparcialidad estatal en la materia, también. No cabe engañarse: al decir lo que dice, Benedicto XVI no comete error alguno. El error es que las instituciones públicas contribuyan a otorgar a su visita y a sus declaraciones un aura de asunto de Estado y de respetabilidad que no merecen.

Gerardo Pisarello y Jaume Asens son juristas y miembros del Observatorio de Derechos Económicos, Socialesy Culturales de Barcelona.

¿Y usted qué opina?

lunes, 20 de septiembre de 2010

Dawkins responde al papa por la infame vinculación del ateísmo con el nazismo

Gracias a Diego Lecca, del blog "Su nombre en vano", tenemos disponible en castellano la respuesta de Richard Dawkins a la infame vinculación de nazismo con ateísmo que hizo Benedicto XVI en su viaje al Reino Unido.

(Invitamos también a leer la entrada "¿Extremismo ateo? ¿a qué se refiere Benedicto?")

Esta fue la declaración leida en una marcha contra el papa:

Al comienzo estaba tan indignado como cualquier otra persona debido a las palabras del Papa apenas llegó a Inglaterra, culpando a los ateos de las atrocidades de Hitler y otras en el siglo XX

Pero luego me alegré por eso, pues me pareció que de alguna forma, lo habíamos hecho tambalear tanto, que se estaba viendo forzado a cometer la ignominia de atacarnos para distraer la atención de los verdaderos crímenes que se cometen en el nombre de la iglesia católica.

Tan solo puedo imaginarme… tan solo puedo imaginarme las discusiones en los corredores del Vaticano “¿Cómo los vamos a distraer de los abusos sexuales a niños?”

Y vino la respuesta: “Por qué no atacamos a los secularistas, por qué no atacamos a los ateos? ¿Por qué no los culpamos por Hitler?”

Hitler, Adolf Hitler era católico

Fue bautizado, nunca renunció a su bautizo. El número de 5 millones de católicos británicos aparentemente viene del número de bautizados. Yo no me lo creo, ni una palabra, no creo que haya 5 millones de católicos. Quizás 5 millones que hayan sido bautizados. Pero si la iglesia quiere contarlos como católicos, entonces tiene que contar a Hitler como católico.

Al menos, Hitler creía en una providencia personificada, varias veces habló de ella, y es presumiblemente la misma providencia que fue invocada por el arzobispo de Munich en 1939 cuando Hitler escapó de un intento de asesinato, y el cardenal ordenó un Te Deum especial en la catedral de Munich, y cito, “para agradecer a la divina providencia, en el nombre de la arquidiócesis, por el afortunado escape del Fuhrer”

Voy a leer un discurso, dado en Munich, el corazón la Bavaria católica en 1922, y les dejo que adivinen quién la dio:

Mi sentimiento como cristiano me dirige a mi Señor y salvador, como un luchador. Me dirige como el hombre que once vez en soledad, rodeado por unos cuantos seguidores, reconoció a estos judíos por lo que eran y convocó a muchos para luchar contra ellos y, por Dios, fue el más grande, no como alguien que sufría, sino como un luchador.

En mi amor sin límites como cristiano y como hombre, he leído los pasajes que nos narran como el Señor al final se dirigió con todo su poder y empuño el látigo para echar del Templo a ese grupo de víboras y estafadores.

Cuan grande fue su pelea por el mundo en contra del veneno judío.

Hoy, luego de 2000 años, con profunda emoción reconozco más profundamente que nunca el hecho del por qué tuvo que ser Él quien derramara Su sangre en la cruz.

Esta fue uno de tantos discursos de Adolf Hitler, además de pasajes en Mein Kampf, donde Adolf Hitler invocaba su propio cristianismo católico. No es de extrañar que recibiera u cálido apoyo de parte de la iglesia católica en Alemania.

Incluso si Hitler hubiese sido un ateo, cómo se atreve Ratzinger a sugerir que el ateísmo tiene alguna conexión con sus horribles acciones. Sin importar la falta de creencia de Hitler y Stalin en duendes y unicornios, sin importar si tienen un bigote, como Franco o Saddam Hussein, no hay ninguna relación lógica entre su ateísmo y su maldad.

A menos, claro, a menos, que estés sumergido en la vil obscenidad en el corazón de la teología católica. Me refiero a la doctrina del pecado original.

Esta gente cree, y le enseñan a niños pequeños, al mismo tiempo que les enseñan el terrorífico concepto del infierno, que todo bebé nace en pecado.

Ese es el pecado de Adán, por cierto, Adán, quien ellos mismos admiten ahora que nunca existió.

El pecado original significa que desde el momento que nacemos somos malvados, corruptos, maldecidos, a menos que creamos en su Dios, o a menos que caigamos en el premio del paraíso y el castigo del infierno.

Eso, señoras y señores, es la despreciable teoría que los lleva a asumir que fue la falta de creencia lo que hizo de Hitler y Stalin los monstruos que eran. Todos somos monstruos a menos que Jesús nos salve.

Qué asquerosa, depravada e inhumana teoría como para basar nuestra vida en ella.

Joseph Ratzinger es un enemigo de la humanidad. Es un enemigo de los niños cuyos cuerpos ha permitido sean violados y sus mentes sean llenadas con culpabilidad.

Es vergonzosamente claro que la iglesia está menos preocupada por salvar los cuerpos de los niños de los violadores, que por salvar las almas de los sacerdotes del infierno. Y más preocupada por la reputación a largo plazo de la iglesia misma.

Es un enemigo de los gays, dirigiendo hacia ellos el mismo tipo de intolerancia que su iglesia usaba en contra de los judíos antes de 1962.

Es un enemigo de las mujeres al no permitirles el sacerdocio, como si un pene fuese una herramienta esencial para las tareas pastorales.

Es un enemigo de la verdad, promoviendo mentiras sobre que los condones no protegen contra el SIDA, especialmente en Africa.

Es un enemigo de la gente más pobre de la Tierra, condenándolos a tener grandes familias que no pueden sostener y de esa forma mantenerlos bajo el yugo de la pobreza perpetua. Una pobreza que mira de lejos la obscena riqueza del Vaticano.

Es un enemigo de la ciencia, obstruyendo investigaciones vitales sobre células madre arguyendo no con moral, sino con supersticiones pre-científica.

Ratzinger es incluso un enemigo de la iglesia de la Reina, faltándole el respeto arrogantemente a las ordenaciones anglicanas como, cito, “absolutamente nulas y sin valor”, mientras que al mismo tiempo tratando desvergonzadamente de reclutar vicarios anglicanos para cubrir su patético descenso en ordenaciones sacerdotales.

Finalmente, quizás la preocupación más importante para mí, Ratzinger es un enemigo de la educación. Fuera del daño psicológico de por vida causado por el miedo y culpa que ha hecho infame a la educación católica alrededor del mundo, él y su iglesia han impuesto la perniciosa doctrina educativa que la evidencia es menos confiable para creer, que lo es la fe, la tradición, la revelación y la autoridad.

Su autoridad.

domingo, 19 de septiembre de 2010

¿Extremismo ateo? ¿A qué se refiere Benedicto?

Al Papa le incomodan el laicismo y el ateísmo militante.

Benedicto XVI ha aprovechado su visita al Reino Unido para manifestarse en contra del laicismo y de los más recientes esfuerzos de hacer más visible y audible el ateísmo.

En el primer discurso del papa en el Reino Unido, el 16 de septiembre, se dirigió a los británicos para recordarles que por más de mil años estas islas han sido cristianas, lamentando además que el laicismo ha generado la separación de la religión del estado.

El papa llamó a estar alerta contra "formas más agresivas de secularismo" que ya no las "aprecian o siquiera toleran".

Dirigiéndose a la reina, el papa se refirió al regimen nazi y pidió "reflexionar sobre las enseñanzas aleccionadoras del extremismo ateo del siglo XX, jamás olvidemos cómo la exclusión de Dios, la religión y la virtud de la vida pública conduce finalmente a una visión sesgada del hombre y de la sociedad y por lo tanto a una visión ‘restringida de la persona y su destino".

¿Qué es eso de ateísmo extremo? ¿Y por qué el papa vinculó el nazismo con el ateísmo?

Son dos preguntas interesantes a analizar.

En cuanto a la primera pregunta. No hay "extremismo ateo". Ser ateo es no aceptar que hay dios alguno. Ni Jesús, ni Alá, ni Ganesh. Pero asumamos que el Papa se refería al ateísmo militante, que caracteriza a muchas asociaciones que promueven el ateísmo, o a personajes como Richard Dawkins. ¿Han causado alguna vez una matanza? Por supuesto que no.

Ahora veamos la segunda pregunta ¿qué tiene que ver el nazismo con el ateísmo? Nada en realidad. Justamente el nazismo estuvo más cerca del catolicismo y de la creencia religiosa y mística, que con el racionalismo.

¿Acaso con quien firmó el Reich alemán un concordato en 1933? Hitler se consideraba teísta, y católico. Como comentaba en la entrada "La madonna del tercer Reich" en Bélgica el episcopado católico se apresuró a pedir a la grey obediencia al Tercer Reich tras la invasión nazi, y de igual manera el episcopado francés apoyó unánimemente al regimen colaboracionista de Pétain.

El papa Pio XII nunca abrió su santísima boca para condenar a Hitler o al nazismo. Más ha dicho el papa actual sobre la naturaleza de los agujeros negros que Pio XII contra los regimenes de extrema derecha del siglo XX. Y no dijo nada porque Pio XII esperaba que Hitler le hiciera el milagrito de acabar con la Rusia comunista, que cerró toda iglesia, y que era fuerte en muchas partes de Europa.

Olvidaron los ensotanados, Pio XII y Benedicto XVI, mencionar a Ante Pavelic, el matón fascista de Croacia, que por más que creyese en Jesús y que este se convertía en una hostia, no tuvo problemas en masacrar a judíos, serbios, gitanos, homosexuales y a la oposición, en su mayoría comunista. ¿No ha dicho nada Benedicto sobre el "catolicismo extremo"?

La historia si puede hablar del catolicismo extremo, ¿Recuerdan las cruzadas y la inquisición? ¿Y quién entregó al papa Pío XI los terrenos que hoy forman la Ciudad del Vaticano sino el mísmisimo Mussolini en 1929?

Olvida Benedicto XVI que muchos de los campos de concentración de Croacia fueron dirigidos por sacerdotes católicos, entre ellos el legendario campo Jasenovac, conocido como "el pozo de la muerte", que fue dirigido por el padre Miroslav Filipovic.

La amnesia de Benedicto XVI tampoco le permite recordar que el sacerdote católico estadounidense Charles Coughlin (1891-1979), reconocido por ser antisemita, afirmó que "La guerra de Alemania es una batalla por el cristianismo"

Muchos lectores concordaran que intentar vincular el ateísmo con el nazismo es un absurdo, ¿pero qué del comunismo?

José Stalin, máximo líder del la URSS en sus primeros años, fue sin duda un dictador, y también cometió varios crímenes, pero estos no fueron hechos en nombre del ateísmo, ni por favorecer al ateísmo.

Iniciada la persecución comunista, esta se centró en furiosas matanzas y destrucción masiva de iglesias y monasterios (120 de los 160 obispos rusos fueron asesinados, miles de sacerdotes, millones de fieles…) minando el poder de la Iglesia Ortodoxa, que legitimaba la morarquía zarista.

Pero Stalin nunca fue un librepensador, mucho menos un humanista secualar. El análisis libre de todas las cosas, tan propio del librepensamiento y del ateísmo, nunca fue una prioridad de la política stalinista. Stalin tan solo sustituyó el clero ortodoxo para tomar su lugar como líder e idolo supremo del pueblo, y para quitarle el inmenso poder económico y social de la Iglesia ortodoxa rusa.

Como prueba de que al regimen no le intereaba fomentar el libre pensamiento se puede mencionar la libre investigación se podría mencionar que la genética de Mendel no fue aceptada, llamándosele "ideología capitalista" y en su lugar se promovieron las indemostradas ideas de Trofin Lysenko, por ser estas últimas más a fines a la ideología comunista. El agrónomo Lysenko planteaba que las plantas, al igual que el hombre, pueden ser modificadas por el ambiente sin tener en cuenta sus características genéticas. Su objetivo final era la mejora de las cosechas, la obtención de superproducciones utilizando sus métodos. El resultado fue un desastre que duró más de treinta y cinco años, además de haber mandado desterrar o ejecutar a algunos destacados genetistas rusos.

Cuando inició la operación Barbarroja, es decir, la invasión nazi a la Unión Soviética, Stalin dio libertad y restituyó algunos bienes al clero de las catacumbas para despertar el espíritu patriótico que movió a los rusos a la resistencia antialemana.

Curiosamente a Stalin, Hitler, Pavelic y a Benedicto XVI los une el hecho de querer dividir el mundo entre los buenos y los malos, estando ellos en el bando adecuado. Todos ellos dirigieron o dirigen, en el caso de Benedicto XVI, sistemas de creencias que son dogmáticos.

Y precisamente una de las cosas que más necesita el mundo es que analicemos criticamente todas las cosas, includa la religión.

“Algunos buscan excluir de la esfera pública las creencias religiosas, relegarlas a lo privado, objetando que son una amenaza para la igualdad y la libertad" señaló el papa el pasado 16 de septiembre.

Al fin dijo algo cierto este oscuro personaje. Sin duda el laicismo es fundamental para la democracia, y no hay democracia si una religión actúa en complicidad delictiva con el poder político. Porque sin duda haría su propia inquisición. Eso es justo lo que el lacismo busca evitar.

Nos ladra, luego algo estaremos haciendo bien.

¿Y usted qué opina?

sábado, 17 de julio de 2010

La Madonna del Tercer Reich

La obra "La madonna del tercer reich" que muestra a la virgen María con un pequeño Hitler en sus brazos, ocupando el lugar de Jesús ha sido censurado en la localidad toscana de Pietrasanta.

La obra pertenece a la colección del italiano Giuseppe Veneziano, un artista conocido en Italia por hacer críticas mordaces y burlas de distintos personajes, incluyendo a Jesús y al Papa Benedicto XVI.

La "madonna" fue usada en el cartel promocional de la exposición "Zeitgeist" que exhibirá diversas obras de Veneziano en el Palacio Panichi de Pietrasanta del 17 al 19 de julio, con el auspicio de las autoridades locales.

El párroco y varias organizaciones católicas protestaron por la exhibición. El alcalde de Pietrasanta, Domenico Lombardi, se disculpó públicamente con los católicos por la difusión de la imagen. Posteriormente los organizadores de la exhibición retiraron la polémica pieza del catálogo de la exposición, que cuenta con otras obras de Veneziano.

Más allá de la censura de una obra de arte, es de recordar que el Tercer Reich contó con el apoyo de la Iglesia Católica. Hitler firmó un concordato con la El Vaticano, y el Papa Pío XII guardó silencio durante el holocausto.

Nada dijo el Papa Pío XII para reprobar a Joseph Tiso, cuando presidía este cura fascista, apoyado por las SS a Eslovaquia. Tampoco dijo nada cuando el obispo Jan Voitassak, también eslovaco, se adueñó de las propiedades de los judíos de Betlanovice y Baldovice.

Tampoco reprobó monseñor Volosin por presidir el gobierno nazi en Ucrania. ¿No podía el Papa abrir su boca y decir que era incompatible para un alto jerarca servirle al Tercer Reich? ¿Cómo para atacar a los homosexuales, a los que piden ordenación de mujeres sacerdotes, y para atacar el uso de anticonceptivos si puede hablar y enviar cartas y encíclicas?

Y cuando Pío XII se dio cuenta que la anexión de la ciudad de Danzig a la Alemania nazi era inminente, se apresuró a cambiar a un obispo pro-inglés por uno pro-nazi. Tampoco abrió su pontifica boca para condenar la ocupación de Polonia, con lo que se desencadenó la segunda Guerra Mundial.

En Bélgica el episcopado se apresuró a pedir a la grey obediencia al Tercer Reich tras la invasión nazi. Igualmente, el episcopado francés apoyó unánimemente al regimen colaboracionista de Pétain.

¿Y qué decir de la matanza que orquestó Ante Pavelic en Croacia durante la Segunda Guerra Mundial? Pavelic era católico y los obispos de Croacia fueron cómplices de las masacres de judíos, serbios y musulmanes.

Ante Pavelic escribió un libro alabando a Pío XII, y terminó en un monasterio de Argentina, pues la ICAR lo ayudó a escapar tras la victoria aliada, así como hizo con muchos nazis.

Ahora dicen los apologistas católicos que Pío XII recibió a unos niños judíos en El Vaticano y les dio un desayuno, y que no abrió su boca para evitar males mayores y represalías sobre los católicos. Recientemente Benedicto XVI ha pedido canonizar a Pío XII. ¡Descarados! ¡Caraduras!

¿Y aún así dicen que la obra de Giuseppe Veneziano es ofensiva? ¿Usted qué piensa?