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domingo, 5 de marzo de 2017

Los frutos marchitos de las religiones



Texto de Diego Banner, publicado inicialmente en HuffPost

Lamentablemente las religiones a lo largo de la historia han causado mucho daño en la sociedades. Los fundadores de las religiones tuvieron ese objetivo en mente sin ningún lugar a dudas.

No buscaban la solidaridad, la unión entre los pueblos, la paz entre los vecinos o el respeto por quien pensara distinto. No, nada de eso, sino todo lo contrario. Queda muy claro leyendo cualquiera de los libros llamados sagrados, el menosprecio con el cual se dirigen a otras religiones o cultos.

Cada uno de los integrantes de las distintas religiones considera que la suya es la verdadera religión y que su dios es el único y el verdadero. Por ejemplo encontramos en Lucas 12:49-53 el siguiente texto dicho por Jesús: “Fuego vine a echar en la Tierra. ¿Y qué quiero, si ya se ha encendido? De un bautismo tengo que ser bautizado. ¡Y cómo me angustio hasta que se cumpla! ¿Pensáis que he venido para traer paz a la tierra? Os digo: no, sino enemistad. De aquí en adelante, cinco en una familia estarán divididos, tres contra dos y dos contra tres; estará dividido el padre contra el hijo y el hijo contra el padre; la madre contra la hija y la hija contra la madre; la suegra contra su nuera y la nuera contra su suegra”.

Es en estos casos cuando la gente religiosa trae la infantil excusa de decir que no se puede tomar literalmente lo que está escrito en la Biblia. Es la salida de escape de cualquier persona que no quiere reconocer que la Biblia está llena de versículos llenos de odio, discriminación y amenazas. Cualquiera que haya leído la Biblia desde su primer capítulo de Génesis, habrá notado que el dios de dicho libro tiene todas las características de un dictador violento en su máxima expresión, celoso, vengativo y extremadamente cruel.

El Islamismo tomó partes prestadas del Antiguo y Nuevo Testamento, creando también como consecuencia, creencias que dan como resultado división, odio, violencia e intolerancia, no solo contra otras religiones sino entre ellos mismos.

Las divisiones se dan entre las mismas religiones. Solo piensen ustedes la cantidad de sectas que existen en el Cristianismo. Pareciera ser que no se logran poner de acuerdo en cómo interpretar sus libros sagrados.

Dentro del mismo Vaticano se empieza a hablar sobre la posibilidad de realizar nuevos cambios para modernizar a la Iglesia.

En realidad pueden hacer lo que quieran ya que todas las religiones fueron inventadas por los hombres. Digo por los hombres ya que queda claro que la religión considera a la mujer una “creación” de segunda clase. Veamos que dice el Nuevo Testamento al respecto: Timoteo 2:11-12 “La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción. Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio”.

El Vaticano no permite incluir ninguna mujer dentro de su staff. Qué curiosidad es ver tantas mujeres que siguen a una religión que las discrimina en los libros y en la práctica. Pareciera ser un especie de masoquismo bien visto por una gran parte de la sociedad. Es uno de esos misterios que no se logra fácilmente comprender.


Una de las características más fuertes de la gente religiosa es la intolerancia. Los padres religiosos pretenden que sus hijos e hijas crean en las mismas fantasías que ellos creen. Estos padres no quieren tener hijos que puedan pensar libremente y llegar a través de un pensamiento crítico a sus propias conclusiones.

No Lo que estos padres quieren es inculcarles a sus hijos lo que tienen que pensar y creer. Yo les pregunto a estos padres: ¿No tienen vergüenza?

¿Cuáles son los frutos de toda esta historia de religiones? Hipocresía, supersticiones discriminación, racismo, odio, guerras, matanzas, ignorancia e intolerancia.
Si hay algo que tenemos que admirar en las otras especies que viven en este planeta, es que no tienen religión ni dioses.

Nunca he visto un grupo de gatos o un grupo de perros en guerra por creencias religiosas. Los seres humanos tienen el monopolio del absurdo, y por cosas absurdas se siguen matando unos a otros. Si todas estas cuestiones religiosas fueran ciertas, nadie tendría el menor problema en que fueran puestas a prueba.

Pero evidentemente la inseguridad, miedo y pánico que tienen las personas religiosas de enfrentar la realidad, los vuelve agresivos y como ya sabemos en muchos casos violentos.

Es el miedo la base de la violencia, y la base de cualquier religión es el miedo.

Tomen el riesgo de pensar por ustedes mismos y abandonen los miedos del infierno y los castigos eternos. La verdad no se transmite con amenazas, sino con sabiduría y amor. Solo las mentiras son inculcadas con amenazas y castigos. Es hora de salir del dogma, y empezar a pensar libremente.

domingo, 27 de marzo de 2016

Jesús y Mahoma explican lo que es una secta

Una viñeta de "Jesus and Mo" en la que nos explican que es una secta.

Mesera: ¿Sería justo describir sus respectivas religiones como sectas?

Jesús: No!

Mahoma: De ningún modo. Nosotros sabemos todo acerca de las sectas.

Jesús: Una secta crea distinciones claras entre sus miembros y el resto de la sociedad.

Mahoma: Los miembros de la secta siguen a un líder poderoso que se autoproclama "autoridad divina" o está en una misión "desde lo alto".

Jesús: Su comportamiento publico y personal está controlado por las reglas de la secta.

Mahoma: Y llegan a depender de esta tanto para su sentido de identidad y su visión de la realidad.

[Silencio incómodo]

Para más viñetas de Jesús and Mo en el Blog Sin dioses dar click aquí.

martes, 28 de abril de 2015

Seis razones por las que la religión hace más mal que bien

Valerie Tarico nos expone seis razones por las que la religión trae más desventajas que ventajas.

Texto tomado de Salon.com 
Traducido por: Ferney Rodríguez Vargas.

La mayoría de los británicos creen que la religión hace más daño que bien, según un estudio encargado por el Huffington Post. Sorprendentemente, incluso entre quienes se describen como "muy religioso" hay un 20% que afirma que la religión es perjudicial para la sociedad. Probablemente podamos agradecer a la Internet, que emite desde las decapitaciones de Isis, las historias sobre los hospitales católicos que niegan la atención a una mujer para que aborte, a las listas de creencias religiosas extrañas, hasta artículos sobre los daños psicológicos de creyentes cristianos en su Biblia.

En 2010, el sociólogo Phil Zuckerman publicó "Sociedad sin Dios: Lo que las Naciones menos religiosas pueden decirnos acerca de contentamiento". Zuckerman aportó evidencia de que las sociedades menos religiosas también tienden a ser más pacíficas, prósperas y equitativas, con políticas públicas que ayuden a las personas a florecer mientras que disminuye tanto la desesperación y la glotonería económica.

Razón 1. La religión promueve el tribalismo. 

Templo hindú destruido por musulmanes en Karachi, Pakistán.
Diciembre de 2012.
Infiel, pagano, herético. La religión divide a sus adeptos del resto de humanos. En lugar de asumir las buenas intenciones, a los adherentes a menudo se les enseña a tratar a los externos con desconfianza. "No os unáis en yugo desigual con los incrédulos", dice la Biblia cristiana. "Ellos desean que no creéis y entonces serías igual a los que no creen; por lo tanto, no te hagas amigos de ellos", dice el Corán (Sura 4:91).

En el mejor de los casos, enseñanzas como éstas desalientan o incluso prohíben la amistad y los matrimonios mixtos que ayudarían a los clanes y tribus a hacerse parte de un todo más grande. En el peor de los casos, los extranjeros son vistos como enemigos de Dios y de la bondad, potenciales agentes de Satanás, que carecen de moral y no son dignos de confianza. Los creyentes podrían agruparse, anticipando el martirio. Cuando hay tensiones, las sociedades se fracturan a lo largo de la falla sectaria religiosa o viceversa. De hecho, la evidencia apoya la idea de que la religión se nutre de la angustia existencial. Aún si este es el caso, hay buenas razones para sospechar que la conexión entre la religión y el mal funcionamiento de las sociedades va en ambos sentidos. Esta es una de las seis formas que las religiones hacen más difícil lograr la prosperidad pacífica.


Razón 2. La religión ancla a los creyentes a la Edad del Hierro. 

Concubinas, encantamientos mágicos, pueblo elegido, lapidaciones... La Edad de Hierro fue una época de superstición rampante, ignorancia, desigualdad, racismo, misoginia y violencia. La esclavitud tenía sanción de Dios. Las mujeres y los niños eran literalmente posesiones de los hombres. Los señores de la guerra practicaban la guerra de tierra arrasada. La gente desesperada sacrificaban animales, productos agrícolas, y a los soldados enemigos como holocaustos destinados a apaciguar a los dioses.

Los textos sagrados como la Biblia, la Torá y el Corán preservan y protegen los fragmentos de la cultura la Edad de Hierro, poniendo el nombre de un dios como respaldo de algunos de los peores impulsos humanos. Cualquier creyente que buscan excusar su propio temperamento, su sentido de superioridad, belicismo, intolerancia, o la destrucción planetaria puede encontrar validación en los escritos que pretenden ser obra de su dios.

Miembros de la Iglesia Bautista Westboro con carteles que invitan al odio homofóbico.
Hoy en día, la conciencia moral de la humanidad está evolucionando, basada en una comprensión cada vez más profunda y más amplia de la Regla de Oro. Pero muchos creyentes conservadores no pueden avanzar. Ellos están anclados a la Edad del Hierro. Esto los ha enfrentado a cambio de una batalla sin fin que consume energía pública y retrasa solución creativas a los problemas.



Razón 3. La religión hace de la fe una virtud. 

Confiar y obedecer que no hay otra manera de ser feliz en Jesús. Así cantan los niños en las escuelas dominicales en todo Estados Unidos. El Señor trabaja de maneras misteriosas, dicen los pastores a los creyentes que han sido sacudidos por horrores como el cáncer de cerebro o un tsunami. La fe es una virtud.

Como la ciencia avanza en terreno una vez en poder de la religión, las creencias religiosas tradicionales requieren cada vez de mayores defensas mentales contra la información amenazante. Para mantenerse fuerte, la religión capacita a los creyentes a practicar el autoengaño, excluyendo las pruebas incómodas, y enseña a apoyarse en autoridades de confianza en lugar de su propia capacidad de pensar. Este enfoque se filtra en otras partes de la vida. El gobierno, en particular, se convierte en el lugar de lucha entre ideologías, más que uno para averiguar soluciones prácticas, basadas en la evidencia que promueven el bienestar social.


Razón 4. La religión desvía los impulsos generosos y las buenas intenciones. 

Cargamento de Biblias para Sudán enviado por la Iglesia Adventista del 
Séptimo Día. En febrero de 2011 se enviaron 6.000 Biblias en 
idiomas tales como árabe, inglés, nuer y dinka para la población local.
¿Te sientes triste por Haití? Dona a nuestra mega-iglesia. La religión redirige rutinariamente la generosidad a fin de perpetuar la religión misma. Se alienta a las personas generosas para dar hasta que duela, más para promover la iglesia en sí, que el bienestar general. Cada año, miles de misioneros se lanzan a la ardua labor de salvar almas en vez de salvar vidas o salvar nuestro sistema de soporte de vida planetaria. Su trabajo, libre de impuestos, engulle capital financiero y humano.

Además de la explotación de la energía moral positiva como la bondad o generosidad, la religión a menudo redirige las emociones de repugnancia moral e indignación, adjuntando estas emociones a las normas religiosas arbitrarias en lugar de solucionar verdaderos daños. Judíos ortodoxos gastan dinero en pelucas para las mujeres y dobles lavavajillas*. Padres evangélicos, obligados a elegir entre la justicia y el amor, patear a los adolescentes homosexuales a la calle. Los obispos católicos imponen reglas injustas en las salas de operaciones.

*N. del T: Los judíos ortodoxos exigen a las mujeres salir con el cabello cubierto. Una solución "fashion" encontrada fue la de poner pelucas a las mujeres judías. Por otra parte, las normas kosher, que indican lo que es permitido comer en el judaísmo, exigen tener por separado los cubiertos con los que se maneja las carnes y los lácteos. Los lavavajillas dobles permiten poner por separado los cubiertos que se usan para cada tipo de alimento.


Razón 5. La religión enseña impotencia. 

¡Que sea lo que dios quiera! ¡Dios sabe como hace sus cosas! Hemos escuchado estas frases, pero a veces no reconocemos la profunda relación entre la religiosidad y la resignación. 

En las sectas más conservadores del judaísmo, el cristianismo y el Islam, las mujeres son vistas como más virtuosa si dejan a Dios manejar su planificación familiar. La sequía, la pobreza y el cáncer quedan atribuidas a la voluntad de Dios en lugar de malas decisiones o los malos sistemas; Los creyentes esperan a Dios para resolver los problemas que pudieran resolver por sí mismos.

Esta actitud perjudica a la sociedad en general, así como individuos. Cuando las religiones más grandes de hoy llegaron a existir, la gente común tenían poco poder para cambiar las estructuras sociales, ya sea a través de la innovación tecnológica o la promoción. Vivir bien y hacer el bien en gran parte eran asuntos personales. Cuando esta mentalidad persiste, religión inspira piedad personal sin responsabilidad social. Los problemas estructurales se pueden ignorar, siempre y cuando el creyente es amable con los amigos y la familia y generoso a la comunidad tribal de los creyentes.

Razón 6. Las religiones buscan el poder. 

Mansión de Edir Macedo. obispo y fundador de la Iglesia Universal
 del Reino de Dios "Pare de Sufrir"
Las religiones piensan con personalidad corporativa. Las religiones son instituciones hechas por el hombre, al igual que instituciones con fines de lucro. Y como cualquier corporación, para sobrevivir y crecer una religión debe encontrar una manera de construir poder y la riqueza y competir por una cuota de mercado. El hinduismo, el budismo, el cristianismo, cualquier gran institución religiosa duradera es tan experta en esto como lo es Coca-cola o Chevron. Y al igual que como las instituciones con fines de lucro gigantes, están dispuestas a ejercer su poder y riqueza en el servicio de la autoperpetuación, incluso si esto perjudica a la sociedad en general.

De hecho, sin el conocimiento de los practicantes religiosos, el perjudicar a la sociedad puede ser en realidad parte de la estrategia de supervivencia de la religión. En palabras del sociólogo Phil Zuckerman y del investigador Gregory Paul, "Ni una sola democracia avanzada que goce de condiciones socio-económicas benignas y progresistas conserva un alto nivel de religiosidad popular." Cuando la gente se siente próspera y segura la retención de la religión se debilita.

lunes, 23 de marzo de 2015

lunes, 2 de junio de 2014

Nuestros instintos primitivos pueden explicar la creencia en dios y en fantasmas

¿Por qué todos los pueblos han desarrollado ideas sobre dioses o seres sobrenaturales? ¿Por qué la mayoría de las personas se aferran a creencias en seres de los que no hay pruebas? La respuesta a estos interrogantes es el trabado de Steve Kelly prestigioso especialista en Psicología Cognitiva y Experiencia Religiosa.

El psicólogo investigador ha llegado a la conclusión que nuestros cerebros se forjaron bajo la premisa que el mundo está gobernado por fuerzas que no podemos controlar. 

Lo que nos recuerda una escena de CSI en la que un pastor cristiano le pregunta al científico ateo ateo Gil Grissom¿Cree usted en el exorcismo?, a lo que el investigador responde: “Usted es un hombre de la sabana; con el rabillo del ojo ve un movimiento, supone que es un león, y huye. Pero si supone que es el viento y se equivoca, muere. Tenemos los genes de los que huyen; hemos sobrevivido gracias a eso, y es por eso que estamos hechos para creer en fuerzas que no podemos controlar”.

Nuestros instintos primitivos pueden explicar la creencia en dios y en fantasmas

Texto de Steve Kelly
Original en inglés en The Conversation

Las nociones de dioses han surgido en todas las sociedades humanas, desde las deidades poderosas y omniscientes a los espíritus simples del bosque. Un método reciente de examinar el pensamiento religioso y la conducta vincula su ubicuidad y la similitud de nuestras creencias a las formas en que los procesos mentales humanos fueron adaptados para la supervivencia en tiempos prehistóricos.

Para un homínido ancestral tras escuchar un ruido en un matorral
lo mejor es salir huyendo. ¡Quizás sea un depredador!
Los genes que favorecían la formación de redes neuronales que
asumían que detrás de cada evento había un agente vivo causándolas fueron
las que sobrevivieron. Un enfoque escéptico tal como "¿qué causó ese
chasquido en el matorral? Hay dos hipótesis: Puede ser un depredador o puede
ser otra cosa, Iré a investigar" no podría habría prosperado. FYRV
Se basa en un par de observaciones sobre la psicología humana. En primer lugar, cuando un evento ocurre, tendemos a suponer que un ser vivo la causó. En otras palabras, se supone un agente detrás de ese evento. Si usted piensa en el tipo de eventos que podrían haber ocurrido en tiempos prehistóricos, es fácil ver por qué un sesgo hacia el agente causal resultaría útil. Un susurro de un arbusto o el chasquido de una rama podría ser causado por el viento. Pero es mejor asumir que es un león y salir corriendo.

Los sobrevivientes que tenían esta tendencia a atribuir más fácilmente a un agente pasaron sus genes de generación en generación, incrementando el cableado cada vez más intrincado de toma de decisiones rápidas en el cerebro. Esto no es algo que la gente necesita  aprender. Se produce de forma rápida y automáticamente.

Tendencias empáticas

El segundo rasgo es sobre cómo vemos a los demás. Mientras vivían juntas en una tribu habrían tenido muchas ventajas para la supervivencia en tiempos prehistóricos, llevarse bien con todo el mundo no ha sido siempre fácil. Comprender el comportamiento de los demás requiere que usted entienda sus pensamientos y creencias, especialmente cuando éstos pueden ser incorrectos debido a que alguien no puede conocer todos los hechos de una situación.

Esto se conoce como "teoría de la mente". Esta idea dice que asumimos automáticamente que hay razones detrás de la conducta de los otros con el fin de comprender mejor por qué se comportan como lo hacen. No tener esta facultad se ha propuesto como la base de trastornos del desarrollo como el autismo.

Usted puede preguntarse que tienen que ver estos dos procesos cableados con la creencia en los dioses. Imagínese una piedra que cae en el fondo de una cueva. Nuestro dispositivo de un agente causal nos dice que alguien hizo que sucediera. Con ninguna evidencia, ¿Podría ser una criatura invisible o un espíritu? Si es así, ¿por qué estaría husmeando? ¿Para conocer secretos sobre nosotros o para descubrir si somos personas buenas o malas?

Otro ejemplo podría ser una erupción volcánica. Ante la falta de conocimiento geológico, el sistema de agente causal de nuestros antepasados ​​tribales habría atribuido este evento a una persona - pero que sin duda tiene una capacidad sobrehumana. ¿Y por qué iban a querer causar tal destrucción ? Tal vez la erupción significó un castigo, tal vez porque la tribu no había actuado de acuerdo con los deseos de ese ser.

De fantasmas y dioses 

Los anteriores dos simples ejemplos nos deben ayudar a comprender cómo estos mecanismos cableados podrían haber llevado a los inicios de la creencia en los dioses, así como en los fantasmas y otras criaturas sobrenaturales. Nuestros antepasados ​​habrían llegado a conclusiones acerca de las apariciones sobrenaturales encajando estos instintos hacia el agente causal y la teoría de la mente.

Esto se aplica incluso al abrahámico, omnisciente y todopoderoso dios. Él puede parecer muy inhumano, a primera vista, pero se ha demostrado que nosotros razonamos sobre él de una manera muy humana. Procesos de razonamiento cableados ayudan a explicar cómo las ideas religiosas son tan duraderas, difundiéndose a través de los continentes y de generación en generación. 


Tanto estos y otros antiguos instintos se hacen evidentes a partir de observaciones en los los niños. Los niños muy pequeños parecen mostrar una comprensión muy precisa de las leyes físicas. Por ejemplo, se sabe que dos objetos sólidos no pueden combinarse en uno o que los caballos no tienen engranajes de metal en su interior. Los psicólogos del desarrollo han sugerido que los niños son biólogos, físicos y psicólogos intuitivos - utilizando la teoría de la mente.

¡Sumus rosaceae! 

Los conceptos que violan los entendimientos intuitivos parecen ser más memorables que otros. Una rosa que susurra en latín viola una comprensión intuitiva de que las plantas no tienen mentes o boca y por lo tanto no pueden susurrar en una lengua antigua - o cualquier otro idioma para el caso. 

Si un relato contiene un hecho contra-intuitivo tiene más probabilidades
de quedar en la memoria y de propagarse en la sociedad. Esto se conoce como
la teoría de la memoria contra-intuitiva.
Puede ser que la violación de un concepto intuitivo llame especialmente la atención y el interés, por lo que sirve para incorporar la idea en la memoria. Muchas historias religiosas contienen conceptos que parecen violar esta clase especial de intuición, como un hombre que camina sobre el agua o un arbusto en llamas que habla. Estos cuentos se aprovechan de esta característica de la memoria para propagarse con éxito a sí mismos y se resisten a caer en el olvido. 

Steve Kelly psicólogo investigador de los
mecanismos psicológicos que dieron origen
 a la creencia en dios y fantasmas.
Poner estas ideas juntas es una forma de explicar el pensamiento religioso y la conducta. Usted podría ir más allá y sugerir que, si estas ideas son correctas la religión no es más que un producto derivado del cerebro que procesa un error.

Pero esto supone que las experiencias religiosas/sobrenaturales no son ciertas. Si la mente humana fue capaz de experimentar un dios, entonces las teorías del agente causal, la de la mente y la de la memoria para la contra-intuitiva nos ayudan a darle sentido. Si eso llegara a suceder, las conclusiones no estarán en error. 

El Dr. Kelly presento estas ideas en una conferencia en Glasgow en la noche del Jueves 22 de mayo.

viernes, 14 de febrero de 2014

La inmortalidad ¡vaya timo!


La genial serie de libros ¡Vaya timo! cuenta con un título maravilloso: La inmortalidad ¡Vaya timo!

En este libro podremos encontrar una reflexión amena, franca y racional de porque la creencia en la inmortalidad es algo sin sentido. Más que una apuesta por la desazón es una mirada sensata que invita a disfrutar la vida y que salvaguarda de los timadores que se lucran con base en esta idea.

Gabriel Capote, autor de esta obra responde a continuación una entrevista de Radio Campus. Compartimos esta entrevista.

Escrito por Luis Javier Capote Pérez

¿Cómo surge la idea de hacer un libro como "La inmortalidad ¡vaya timo!" (Laetoli)?

Casi todo el mundo tiene curiosidad respecto a qué ocurre después de la muerte, y esto es precisamente lo que ha incentivado la enorme cantidad de mitos y religiones que intentan dar respuesta a esta incógnita. No obstante, no todos los intentos de respuesta proceden de mitos y religiones. Ha habido alguna gente que ha intentado demostrar con argumentos supuestamente racionales y con evidencia, que hay un más allá. Ha habido fundamentalmente dos disciplinas encargadas de esto: la parapsicología y la filosofía. Quizás a algunas personas estos argumentos les parezcan convincentes. Mi intención en el libro ha sido evaluar con cierto detenimiento estos argumentos, y al final, concluyo que ninguno en realidad es muy contundente. Creo, en todo caso, que los argumentos filosóficos a favor de la inmortalidad tienen acaso más poder persuasivo que las supuestas pruebas procedentes de la parapsicología.
En mi caso, me considero una persona egoísta. No veo el egoísmo como un vicio; antes bien, considero que ser egoísta es una postura perfectamente racional y aceptable. Y, puesto que me preocupa tanto mi propio bienestar, tengo la inquietud de saber qué será de mí cuando llegue el momento de mi muerte. Hay muchas preguntas religiosas que el hombre se ha hecho: ¿de dónde venimos?, ¿existe Dios?, etc. Para una persona egoísta como yo, esas preguntas no son tan importantes como la pregunta central: ¿se acabará en un momento mi existencia? De ahí surge la idea para escribir este libro.


¿Es realmente un timo la inmortalidad o es simplemente una excusa para vender cierto tipo de productos en la forma de esperanza?

En todas las creencias, hay diversos grados de certeza. Yo estoy absolutamente seguro de que existo, por aquello que señalaba Descartes (pienso, luego existo). Yo estoy casi absolutamente seguro de que la Tierra gira alrededor del sol (pero, es posible que esté equivocado, pues un genio maligno puede estar engañándome). No estoy muy seguro de que haya habido una guerra de Troya; estoy casi absolutamente seguro de que Jesús no resucitó, y estoy absolutamente seguro de que los círculos cuadrados no existen. Pues bien, respecto a la inmortalidad, estoy casi seguro de que es un timo, pero dejo un espacio de duda. Creo que, para afirmar la existencia de algo, debe proveerse evidencia a su favor. Y, me temo de que no hay ninguna evidencia a favor de la inmortalidad. Ahora bien, el hecho de que no haya evidencia a favor de la existencia de algo no prueba que no exista. Pero, en virtud de la ausencia de evidencia, debemos tentativamente (nunca definitivamente) asumir su inexistencia. De manera tal que, hasta que no aparezca alguna evidencia significativa, debemos asumir que la inmortalidad es un timo.

Respecto a la venta de productos en forma de esperanza, creo que, en efecto, a veces la creencia en la inmortalidad funciona de esa manera. Aunque, para ser franco, creo que las personas que deliberadamente mienten y manipulan a los demás con creencias sobre la inmortalidad son minoría. Ciertamente, ha habido en la historia episodios tan lamentables como la venta de indulgencias por parte de la Iglesia Católica. Pero, honestamente, opino que la creencia en la inmortalidad es más bien espontánea en la mayoría de la gente, sin necesidad de que haya una elite de explotadores que se aprovechen de esto.


En algunos analistas se ha percibido la idea de una vida ultraterrena como una forma de controlar la vida terrena, en el sentido de una recompensa futura a cambio de pasarlas canutas en este valle de lágrimas ¿está de acuerdo con esta idea?


Ésa es la conocida tesis de Marx: la religión (y la creencia en la inmortalidad) es el opio del pueblo. De hecho, es la misma tesis de Diderot, Voltaire y otros grandes de la Ilustración: hubo una conspiración de sacerdotes que, con sus enseñanzas religiosas, lograban controlar al pueblo y los mantenía en condiciones de opresión. Yo creo que esta tesis no es muy adecuada. La creencia en la inmortalidad es mucho más compleja, y no obedece estrictamente a una conspiración de los sacerdotes. No dudo de que, en algún momento, algún obispo, rabino o mulá ha usado la amenaza del fuego infernal para controlar a su feligresía, pero creo que, aun sin esta amenaza, la gente igualmente creería en la inmortalidad. Por otra parte, no deja de ser cierto que en los países con mejores condiciones de vida en el mundo (Noruega, Dinamarca, Suecia, Japón), el número de personas que cree en la inmortalidad es cada vez menor.



La historia de la humanidad está llena de mitos en torno a la inmortalidad: desde el mito del retorno artúrico hasta el tratamiento criogénico de Walt Disney, pasando por la reencarnación ¿es un mito que se resiste a desaparecer? ¿hay siempre un espacio en nuestras cabezas para que anide el deseo de vivir eternamente o vivir más allá de la muerte?


Muchos psicólogos evolucionistas opinan que, en efecto, nuestro cerebro está programado para tener una tendencia a creer en la inmortalidad. Por razones evolutivas, tenemos una tendencia a atribuir agencia a fenómenos desprovistos de agencia. En la sabana africana, sobrevivían en mayor proporción aquellos homínidos que, ante una ráfaga de viento, o una sombra, o cualquier movimiento, huyeran. Esta tendencia, si bien propicia paranoias, también permite escapar frente a los peligros, especialmente de los depredadores. Y, en este sentido, tenemos la tendencia a atribuir agencia y propósito a fenómenos desprovisto de ello: vemos caras en las nubes, oímos voces en las olas del mar, etc. Ahora bien, el atribuir agencia termina por propiciar la idea de que existe algo que hace que las cosas inanimadas tengan vida propia, y ese algo es, por supuesto, el alma. Así, tenemos una tendencia natural a creer en las almas, y esto, eventualmente, conduce a las personas a creer en una forma de inmortalidad.

Además, la evolución también hizo que desarrollemos una capacidad para sentir empatía y colocarnos en la mente de los demás. De nuevo, en la sabana africana, los homínidos que lograsen anticipar lo que sus compañeros o algún depredador pensase, tuvieron más oportunidad de sobrevivir. Esta tendencia, eventualmente, conduce a la idea de que hay una misteriosa sustancia que permite a las personas salirse de su cuerpo y ocupar el cuerpo de los demás. Y, eventualmente, esta idea lleva a la conclusión de que la muerte del cuerpo no significa la muerte de la persona, pues esa misteriosa sustancia persiste.

De manera tal que la evolución ha hecho que tengamos una tendencia a creer en la inmortalidad. Ahora bien, esa tendencia es reversible con la educación. Nuestro cerebro nos condiciona a tener muchos sesgos y creer cosas irracionales, pero no nos impide del todo aplicar criterios de racionalidad y comprender que, aquello que muchas veces creemos por intuición, en realidad es erróneo.

Respecto al tratamiento criogénico de Walt Disney, en efecto, es un mito. Pero, no es un mito que otros personajes (entre ellos el popular jugador de béisbol Ted Williams) sí están congelados con técnicas criogénicas. La inmortalidad no es enteramente un timo, pues existe la posibilidad de que, en un futuro, los científicos puedan ofrecernos algún tipo de inmortalidad. Revivir a los cuerpos que ya se han descompuesto es prácticamente una misión imposible. Revivir a los cuerpos preservados es difícil, pero los científicos no desechan del todo esa esperanza. Ahora bien, hay más entusiasmo en otras alternativas. El científico Aubrey de Grey, por ejemplo, está trabajando duro para detener, e incluso, revertir, los procesos de envejecimiento, y esto, en teoría, podría suspender indefinidamente la muerte. Los científicos Raymund Kurzweil y Hans Moravec han planteado la posibilidad de que, en un futuro, nuestras mentes sean emuladas en un ordenador, y esto garantizará una forma de inmortalidad. El movimiento filosófico conocido como el ‘transhumanismo’ considera seriamente estas alternativas. Y, si bien por ahora son ciencia ficción, tienen un mayor halo de plausibilidad que las fantasías tradicionales de la religión. Lamentablemente, por cuestiones de espacio, no pude discutir en el libro las promesas científicas respecto a la inmortalidad, pero es un tema que no debe descuidarse.


¿Qué le diría a aquellas personas que leen esta entrevista para animarles a leer el libro?

Les diría que es un libro escrito por un filósofo, pero dirigido a todo tipo de gente. No hay tecnicismos, ni argumentos complicados. Hay un recorrido por apariciones fantasmales, sesiones de médiums, supuestos casos de reencarnación, experiencias cercanas a la muerte, y otras cosas que, seguramente los jóvenes han visto en la televisión, pero que tienen buenas explicaciones racionales. Hay, además, preguntas más intrigantes como, por ejemplo: ¿cómo puedo estar seguro de que la persona que va al cielo (o al infierno) es la misma persona que vivió en la Tierra? Y, también, trata de ofrecer alguna perspectiva de madurez respecto a cómo podemos vivir tranquilamente sin tener que creer en la inmortalidad.

Las preguntas respecto a la inmortalidad han mortificado a mucha gente desde los inicios de nuestra especie. En el libro, trato de presentar con humor y sencillez un tema que genera muchas inquietudes.


La colección ¡Vaya timo!

La colección de Editorial Laetoli consta hasta el momento de los títulos siguientes:

1. El creacionismo ¡vaya timo! - Ernesto Carmena. 

2. Los ovnis ¡vaya timo! - Ricardo Campo.

3. La sábana santa ¡vaya timo! - Félix Ares.

4. El yeti y otros bichos ¡vaya timo! - Carlos Chordá.

5. La parapsicología ¡vaya timo! - Carlos J. Álvarez.

6. Las abducciones ¡vaya timo! - Luis R. González.

7. El psicoanálisis ¡vaya timo! - Carlos Santamaría y Ascensión Fumero.

8. Los vampiros ¡vaya timo! - Jordi Ardanuy.

9. La religión ¡vaya timo! - Gonzalo Puente Ojea.

10. La conspiración lunar ¡vaya timo! - Eugenio Fernández Aguilar.

11. El tarot ¡vaya timo! - Javier Cavanilles.

12. La homeopatía ¡vaya timo! - Víctor-Javier Sanz.

13. Las brujas ¡vaya timo! - Manuel Bear.

14. Las pseudociencias ¡vaya timo! - Mario Bunge.

15.Los productos naturales ¡vaya timo!  J. M. Mulet.

16. La inmortalidad ¡vaya timo! - Gabriel Andrade.

17. El nacionalismo ¡vaya timo! - Roberto Augusto.

18. La acupuntura ¡vaya timo! - Victor-Javier Sanz.

19. El posmodernismo ¡vaya timo! - Gabriel Andrade.

20. El diseño inteligente ¡vaya timo! - Ismael Pérez Fernández.

domingo, 1 de septiembre de 2013

El escepticismo y la religión


Tienes derecho a pensar que hay una religión "verdadera", de aceptar los dogmas que prefieras y a considerar que algún libro es "revelado" pero eso no significa que las ideas religiosas deban ser inmunes al análisis crítico. Estas pueden y deben ser analizadas y debatidas como cualquier idea económica, política o científica. El pensamiento escéptico racional se debe aplicar a todo. FYRV.

jueves, 15 de agosto de 2013

Estudio relaciona abandono de la religión con una mayor inteligencia

Cuanto más inteligentes, menos creyentes

Un exhaustivo repaso a los estudios publicados en el último siglo muestra una correlación negativa entre inteligencia y religiosidad. Los autores sugieren que un mayor intelecto suple las funciones que suele cumplir la fe.

Nota de esMateria.com

Redactado por Miguel Ángel Criado 14/08/2013

La ciencia tiene cada vez más claro que existe una correlación entre inteligencia y religiosidad pero es negativa: los más inteligentes tienen tendencia a ser menos religiosos. Al menos esa es la conclusión principal de una investigación que repasa todos los estudios que han analizado esta relación entre intelecto y fe desde comienzos del siglo XX. Para los autores de este metaanálisis, la religión cumple una serie de funciones para el ser humano que explican supervivencia a lo largo de la historia. Pero, para un número creciente de personas, sus mayores habilidades intelectuales hacen innecesario a dios.



El trabajo, publicado en Personality and Social Psychology Review, ha recopilado todos los estudios que han encontrado sobre religión e inteligencia. Consultaron los archivados en la base de datos de la Asociación Americana de Psicología que se ajustaran a términos de búsqueda como coeficiente de inteligencia, IQ, inteligencia o habilidadess cognitivas y, también temas como religión, espiritualidad, o creencias religiosas. Además revisaron uno a uno los artículos aparecidos en revistas científicas especializadas en religión y consultaron en Scholar, el buscador académico de Google, con la combinación de palabras religión + IQ + inteligencia.

Miron Zuckerman es profesor de psicología de la Universidad de Rochester

Encontraron 62 estudios. La mayoría medían la inteligencia con alguno de los test IQ o, en particular en el caso de investigaciones con estudiantes, mediante exámenes de aptitud. Las mediciones de la religiosidad eran más heterógeneas, desde escalas de creencias religiosas a preguntas del tipo vas a misa. Los científicos codificaron todos esos valores para permitir una comparación estadística.

“53 estudios mostraron una correlación negativa mientras 10 presentaban una correlación positiva”, dice el estudio. Es decir, desde un punto de vista estadístico, altos valores en la variable A (inteligencia) se corresponden con bajos valores en la variable B (religiosidad). Además, en 33 de ellos la correlación negativa era significativa: los valores difícilmente se pueden deber al azar o a un error en el muestreo.

Pero correlación no significa causalidad. "No sabemos si hay una relación causal y no descartamos otros posibles factores que puedan influir en la correlación”, dice el profesor del departamento de psicología de la universidad de Rochester (EEUU) y coautor del trabajo, Miron Zuckerman. Pero analizaron otras variables como edad, sexo, raza o educación. Las tres primeras no afectaban a la correlación y, en la última, sólo un estudio establecía que sí, pero también era negativa.

La historia de esta problemática relación entre inteligencia y religiosidad la inicia una serie de estudios de la universidad de Iowa en 1928. Dos científicos examinaron por separado correlatos entre sentidos, capacidades motoras y cognitivas con la religión. Se incluyeron test de inteligencia en la batería de tareas a realizar por los sujetos a estudio. Ambos trabajos encontraron que, a mayores niveles de inteligencia, menores grados de religiosidad.

30 años después, el investigador Michael Argyle recopiló todos los estudios publicados hasta entonces realizados con estudiantes y jóvenes. Su conclusión fue similar: “los estudiantes inteligentes tienden a aceptar menos las creencias ortodoxas y tienen una menor probabilidad de tener actitudes pro religiosas”. Sin embargo, los años 60 concentran la mayoría de los estudios que encuentran una correlación positiva o inexistencia de ella entre religiosidad e inteligencia. En varios de los trabajos se destaca el papel mediador del ambiente social en el que uno crece para explicar el ateísmo o teísmo.

En la última década la ciencia ha vuelto a poner sus ojos en la cuestión y, la práctica totalidad de los estudios apuntan a una mala relación entre habilidades intelectuales y creencias religiosas. En 2009, un amplio estudio en 137 países mostró una relación de nuevo negativa entre niveles medios de inteligencia y religión.

La inteligencia sustituye a la religión

En la segunda parte del trabajo, los investigadores, sin afirmar que exista una relación causal, intentan explicar porqué los inteligentes suelen ser menos religiosos. Tres son las hipótesis que se plantean. Por un lado, el ateísmo sería una expresión de inconformismo. Los inteligentes tienen una menor probabilidad de conformarse con la ortodoxia religiosa. Una segunda posibilidad tiene que ver con las habilidades cognitivas. Al inteligente no le basta, no puede aceptar las creencias que no están sujetas a examen empírico o el razonamiento lógico. Su estilo cognitivo, más analítico que intuitivo, les hace refractarios a la religión. Esta es la tesis más aceptada en la actualidad.

Pero los investigadores apuestan por lo que llaman equivalencia funcional. Si la religión ha pervivido durante tantos milenios es porque cubre una serie de necesidades humanas. Para los autores del estudio, la inteligencia también las puede cubrir. Así, la religión permite un encaje emocional, ofrece la visión de un mundo ordenado y predecible. También ayuda a autorregular los impulsos, ajustando la conducta en pos de objetivos. Otra de sus características es que eleva la autoestima. Por último, ofrece un rincón, un sistema cohesionador que da seguridad en tiempos de incertidumbre. La inteligencia, según este trabajo, también puede prestar estos servicios.

“Una de las funciones de la religión es ofrecer respuestas a las cuestiones existenciales. Yo creo que una alta inteligencia también ofrece estas respuestas
”, opina Zuckerman. Pero hay una de las funciones que cumple la religión en la que la inteligencia no la puede sustituir y por eso los investigadores no la han incluido en su concepto de equivalencia funcional: “La única reserva que tenemos sobre esto es que la religión, al responder a las preguntas existenciales, alivia en cierta medida, el miedo a la muerte. Como decimos en el estudio, no tenemos constancia de investigaciones que demuestren que la inteligencia proporciona una función similar”.

El caso de los niños superdotados

Hay dos estudios que han merecido una especial atención por parte de los investigadores. En 1921, Lewis Terman inició un estudio con niños superdotados que aún sigue. Él buscaba las bases genéticas de su inteligencia. Pero el seguimiento de 1.500 niños, con un IQ medio superior a 135, a lo largo de su vida, incluía análisis en profundidad de cada niño mientras crecía, también de opiniones y sentimientos religiosos. En una escala de cero a cuatro (donde cero significaba que no daban ninguna importancia a la religión o eran antirreligiosos), los termitas presentan unos niveles muy inferiores comparados con los de la sociedad estadounidense en general. Además, su religiosidad se reduce con la edad. Así, los últimos datos disponibles, de 1991, muestran un valor medio de 1,45 entre los superdotados ya ancianos frente a los 3,50 de la población.

En 1989, otro estudio con superdotados arrojó resultados similares. En aquella ocasión, se investigó a los niños de la escuela elemental Hunter College. En esta institución neoyorquina sólo van niños superdotados. Los entrevistados tenían entonces entre 38 y 50 años. Cuando entraron a la escuela, el IQ medio era de 140. Este estudio era diferente al original de Terman. Aquí se les preguntaba por las posibles fuentes de su satisfacción personal y en la lista aparecía la religión. Sólo el 0,4% atribuyó a los valores religiosos parte del mérito de su situación personal.

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sábado, 21 de abril de 2012

Se trata de una relación personal


Creer en Dios no es religión se sobre tener una relación estrecha y personal con alguien que no puedes ver u oír.

jueves, 22 de marzo de 2012

La derrota de Voltaire

Tal como van las cosas, este siglo XXI va a ser otra vez un siglo de guerras de religión, como lo han sido casi todos desde que el cristianismo se impuso en occidente como religión de Estado. 

Por: Antonio Caballero Holguín 

Ni el procurador Alejandro Ordóñez, militante católico, ni la exfiscal Viviane Morales, desafiantemente cristiana desde su Iglesia de la Roca, son aves raras, ni golondrinas sueltas de esas que, según dice el refrán, no hacen verano. Por el contrario: representan en Colombia la vanguardia de un ominoso movimiento universal de retorno victorioso de la religión, de las religiones, al terreno de la política. Tal como van las cosas, este siglo XXI que apenas comienza va a ser otra vez un siglo de guerras de religión, como lo han sido casi todos (salvo el XIX y el XX) por lo menos desde que el cristianismo se impusiera en Occidente como religión de Estado en tiempos del emperador Constantino.

Todas las guerras que actualmente desgarran el ancho arco del Islam son de índole religiosa. Lo es la que viene, entre un Israel judío y cada día menos laico y un Irán declaradamente teocrático dentro de su Revolución Islámica. Lo es la guerra civil que está en curso en Siria, país teóricamente laico pero en donde la rebelión contra el régimen se está definiendo sobre líneas religiosas: sublevados sunitas contra un gobierno alauita-chiíta. (Y la pequeña minoría cristiana tiembla). El derrocamiento de las dictaduras en Egipto y en Túnez ha dado paso al creciente poderío de los Hermanos Musulmanes, que han conseguido ya imponer la sharia, la ley islámica, en sus países respectivos. En el Iraq del difunto Saddam Hussein se enfrentan sunitas y chiítas. La interminable guerra de Afganistán empezó cuando, tras la retirada de las tropas soviéticas de ocupación, se tomaron el poder los talibanes: literalmente, los estudiantes de la religión. Incluso Turquía, que fue pionera del laicismo en tierras musulmanas en tiempos de Atatürk, hace ya casi un siglo, está hoy gobernada por un partido explícitamente religioso. 

En Estados unidos no hay guerra (salvo las tres o cuatro que ellos mantienen por fuera de sus fronteras), pero toda la política gira cada vez más en torno a temas religiosos. Uno de los candidatos de la nominación republicana para la presidencia se hace notar diciendo que unas viejas declaraciones de John Kennedy sobre la separación de las Iglesias y el Estado (de los tiempos en que se especulaba sobre si el católico Kennedy sería un mandado del Papa de Roma) "le producen ganas de vomitar". Otro anda enredado porque su fe mormona no inspira confianza en el electorado de la derecha, mayoritariamente evangélico. Del presidente Obama, para atajar su reelección, se dice que es secretamente musulmán. Pues también los demócratas tienen que demostrar religiosidad ferviente ante sus electores: a Clinton solo le perdonaron sus aventuras adúlteras con la joven Lewinski cuando se hizo ver rodeado por un heterogéneo -o ecuménico- grupo de religiosos profesionales: un pastor evangélico y uno bautista, un cura católico, un rabino judío... Y en el otro extremo del espectro geopolítico del hemisferio, en Cuba, el presidente venezolano Hugo Chávez acaba de conseguir que se celebre una misa (¿o un Te Deum) en la catedral de La Habana con asistencia de altos funcionarios del régimen castrista por primera vez en el medio siglo que tiene la revolución. Aunque Chávez, que es el sincretista y pone varias velas a la vez, también le ha confiado su salud "a los espíritus de la sabana". Y hasta Francia. La madre de las Luces. La patria de los filósofos descreídos, volterianos, por el nombre del más célebre de entre ellos, que conquistaron para la política el fundamental principio de racionalidad de la separación de la Iglesia y el Estado. Hasta Francia está volviendo a confundir las cosas. El presidente Nicolas Sarkozy, en trance de reelección, ha decidido conquistar el voto de la extrema derecha planteando como tema de campaña el del halal, la práctica ritual de los musulmanes que consiste en sacrificar el ganado mirando hacia La Meca.

El exprimer ministro británico Tony Blair tuvo al menos la discreción de esperar su retiro del poder para hacer pública su conversión a la religión católica.

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lunes, 14 de noviembre de 2011

El evangelio para dummies

Dice Jesús:

"Este es el evangelio: Yo cree, junto con mi padre y el Espíritu Santo, a los humanos a sabiendas que iban a pecar. Como los primeros humanos pecaron toda la humanidad nació con el pecado original y condenada a la muerte eterna.

Cabe recordar que mi padre, la paloma y yo somos un solo dios. Luego, embarazamos a una mujer, la cual me tuvo a mi, y por eso estoy acá. Lo que me espera es entregarme en sacrificio a mi mismo, para salvarlos de la condenación eterna que yo mismo decreté.

Ahora, si no llegan a creer que nací virginalmente, que soy su salvador y que moriré por sus pecados, arderán para siempre en el infierno." ¿Muy lógico verdad?

miércoles, 28 de septiembre de 2011

¿Cansado de la angustia que le produce tener una vida finita?

Una caricatura genial del Blog Dosis diarias. en mi opinión la mejor del señor Montt sobre religión hasta el momento.

¿Cansado de la angustia que produce una vida finita?

¿Harto de tener que lidear por su propia cuenta lo que está bien y que está mal?

Si usted extraña la sensación de compañía que le proporcionaba su amigo imaginario...

Y necesita llenar el vacio que ocupa la duda con algo que le de la sensación de seguridad y confort...

No espere más, tenemos exactamente lo que usted está buscando...

DIOS
En la mente humana desde la primera vez que no entendimos algo.

miércoles, 29 de junio de 2011

Hay espiritualidad sin religión


Un ensayo de Luís Gonzalez de Alba publicado en el diario mexicano Milenio


Los creyentes en diversas religiones, sobre todo las derivadas del Dios bíblico y sus pruebas, castigos y premios, están siempre mostrándonos a los ateos que todos los grandes científicos han sido creyentes. Los más citados son Galileo, Newton y por supuesto Einstein (“Dios no juega a los dados”, “los secretos del Viejo” y otras frases).

En el Journal Sociology of Religion viene un estudio realizado en 275 científicos de las universidades más importantes de Estados Unidos. La investigación fue conducida por Elaine Howard Ecklund y un equipo de la Universidad Rice. Encontraron que más del 20 por ciento de los científicos autodescritos como ateos expresaban alguna forma de espiritualidad.

“Los científicos sostienen que religión y espiritualidad son cualitativamente diversos”, dice la investigadora. Estos ateos espirituales buscan un núcleo de verdad que les resulte consistente con su trabajo científico. Por ejemplo, ven tanto la ciencia como la espiritualidad en términos de buscar significados sin fe, una búsqueda individual de significado que no concluye. La espiritualidad está abierta al trabajo científico, mientras que la religión exige comprar el paquete con absoluta falta de evidencia.

El astrónomo Owen Gingerich tiene un hermoso ensayo en los Great Books de Britannica: La angustia de Kepler y las dudas de Hawking: Reflexiones sobre teología natural. Tres siglos, del XVI al XIX, vieron caer las grandes verdades proclamadas por la fe: este mundo es defectuoso, decían, pero los cielos son perfectos, y el cuerpo perfecto es la esfera, luego (y sin más pruebas) la Luna y los planetas son esferas; pero bastó un rudimentario telescopio para derrumbar esa afirmación: la Luna tenía montañas cuya sombra variaba según la posición del Sol, descubrió Galileo; las órbitas planetarias no son círculos sino elipses en las que los planetas barren áreas iguales en tiempos iguales, así la velocidad debe acelerar al aproximarse al sol y desacelerar al alejarse, publicó Kepler con temor; Newton, sobre los hombros de esos gigantes, relacionó las leyes de Kepler y la caída de una piedra.

Kepler perdió preciosas horas tratando de meter sus modelos de los cinco sólidos perfectos, o platónicos, unos en otros para explicar las órbitas que luego tendrían solución matemática elegante y sencilla; Newton dedicó páginas a la alquimia (que sus veneradores desearían perdidas). Dice Gingerich, creyente, en el ensayo citado: “La razón por la que admiro a los bioquímicos ateos es que ellos no se rinden”, siguen proponiendo ingeniosos caminos por los que efectos catalíticos de la química hacen más probable la aparición de la vida. Se dicen: “No huyamos a lo sobrenatural, no retrocedamos del laboratorio”.

La investigación de Rice encuentra que “la espiritualidad permea tanto el pensamiento religioso como el ateo. No es un sí o no.” Esto significa que las preguntas humanas básicas, como “por qué estoy aquí” se pueden ver desde una perspectiva atea. Los científicos encuestados describieron la religión como “organizada, comunal, unificada y colectiva”. Los términos para describir espiritualidad fueron “individual, personal y construida de forma personal”. El científico ateo reconoce que la naturaleza impone límites. Para entender sólo tenemos el cerebro. No hay revelaciones.

En el número de Scientific American por aparecer, un magnífico artículo se dedica a los límites de la inteligencia. “Las neuronas humanas —y en particular sus largas colas llamadas axones— podrían estar ya en (o cerca de) sus límites físicos.” Para tener cerebros más inteligentes necesitamos mejorar el equipo y es ya poco lo que se puede hacer: cuando una neurona dispara, envía una señal eléctrica por su axón hacia otras neuronas. La señal viaja al abrir canales de iones en la membrana del axón. Así cambia el voltaje que cruza la membrana. “Axones más delgados ahorrarían espacio y consumirían menos energía. Sin embargo, la naturaleza parece haberlos hecho ya tan delgados como es posible”: más delgados y producirían señales eléctricas por sí mismos, “ruido”.

El último Science también habla de límites: los de la materia ordinaria. La materia de la que estamos hechos consiste de átomos con protones y neutrones en el núcleo y electrones en torno. Protones y neutrones están formados por tres quarks. La fuerza que los une, la fuerza fuerte (hay la débil), una de las cuatro bien conocidas en el universo, para ser vencida exige condiciones de alta energía, como las del famoso Gran Colisionador de Hadrones en la frontera franco-suiza. Simulaciones teóricas basadas en la cromodinámica cuántica (“cromo” porque a falta de palabras para las características del quark se le asignan “colores”) predicen la temperatura necesaria para la transición a quarks libres El equipo de Sourendu Gupta ha mostrado que los experimentos están en notable acuerdo con la teoría.

De cómo los ricos vuelven a serlo luego de perderlo todo con la Revolución: Olga (Planeta, 2010).

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sábado, 4 de junio de 2011

Médicos católicos alemanes ofrecen “curar” la homosexualidad mediante homeopatía

Una escandalosa muestra de los efectos dañinos de los mitos religiosos. Citamos aquí el artículo de Dos Manzanas:


El disparate, desvelado por la web alemana Telepolis, es mayúsculo. La Unión de Médicos Católicos de Alemania, organización que se define a sí misma como “la voz de comunidad médica católica”, hace referencia en su web a la posibilidad de “tratar” la homosexualidad mediante homeopatía, un tipo de terapia alternativa que ya de por sí está considerada por buena parte de la comunidad científica como un fraude. La Federación Gay y Lésbica de Alemania (LSVD) ha expresado su indignación.
Tras aclarar en su web que la homosexualidad no es una enfermedad, la organización católica ofrece “alternativas” a aquellos homosexuales que se encuentren en una situación de sufrimiento debido a su orientación, que van desde el counseling religioso hasta la psicoterapia. Pero sin duda la opción más llamativa es la de la homeopatía, disciplina pseudocientífica cuyo principio fundamental es que “lo semejante cura lo semejante”. Para tratar un determinado síntoma, por tanto, utiliza diluciones infinitesimales de sustancias que en cantidades medibles provocan un síntoma parecido al que se quiere erradicar. Pese a su popularidad, no existe evidencia de que la homeopatía, por sí misma, tenga valor alguno, aunque sus defensores argumentan que los criterios utilizados para contrastar la eficacia de los fármacos convencionales no sirven para la homeopatía, dado que ellos tratan “personas”, no “enfermedades”.
En cualquier caso, más allá de la discusión sobre la homeopatía, Gero Winkelmann, representante de la Unión de Médicos Católicos, ha declarado a Der Spiegel que este tipo de alternativas deben ser ofrecidas a personas que estén sufriendo, aunque ha admitido que la web de la organización, en la que se recomiendan, lleva un largo tiempo sin ser actualizada y este no es uno de los temas a los que su organización da más importancia. Por su parte, Renate Rampf, portavoz de la LSVD, ha calificado el mero ofrecimiento de estas y otras “terapias” reparadoras como peligroso. “Utilizan la inseguridad que pueden sentir tanto los jóvenes homosexuales y bisexuales como sus padres“, ha denunciado.
“Terapias” sobre cuyos graves daños potenciales, recordamos, han alertado organizaciones tan reputadas como la Asociación Americana de Psicología (APA) o la Asociación Médica Británica.


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jueves, 3 de marzo de 2011

Tipos de fe

En el diario colombiano El Espectador el columnista Klaus Ziegler aborda la pregunta de si la ciencia puede considerarse como una religión.


Es frecuente escuchar que el hombre de ciencia, a pesar de sus pretensiones racionales, también es un hombre de fe, pues la ciencia como la religión tiene su propio sistema dogmático de supuestos y creencias.

No dudamos de que el Sol sea una bola incandescente más grande que el Peloponeso, como afirmó Anaxágoras hace más de dos mil años para burla de sus coterráneos. Y creemos que la Luna es un satélite que orbita nuestro planeta, y no un disco luminoso del tamaño de un frisbee suspendido en el cielo por encima de las nubes. Suponemos que esto es cierto sin haberlo comprobado por nuestros propios medios, como también creemos en la esfericidad de la Tierra o en la realidad de los átomos.

Podríamos argumentar que no todas esas creencias son gratuitas. En relación con la Luna, hemos visto fotografías de sus cráteres y testimonios fílmicos que muestran las graciosas caminatas de los astronautas sobre su superficie, con la Tierra al fondo, azul, inmóvil en el horizonte lunar. Sin embargo, las borrosas imágenes de la televisión de los años sesenta, en comparación con los impecables documentales de Discovery Channel en que se ven platillos voladores, o extraterrestres de cabezas descomunales, parecen un montaje tan burdo como el primer Godzilla de 1954. De hecho, no son pocos los que han cuestionado la autenticidad del alunizaje al señalar un imposible aparente: que la bandera norteamericana se vea ondeando en un lugar donde no hay atmósfera. ¿No es acaso un acto de fe de nuestra parte darle crédito a afirmaciones que nunca hemos verificado? Y si es así, ¿no es entonces la ciencia otra forma de religión, y los científicos, los nuevos sacerdotes?

Quienes argumentan de esta manera cometen un grave error. En primer lugar, olvidan que la fe es un abanico que admite variedad de grados –creemos por fe en la existencia de Napoleón y Homero, aunque no guardamos igual fe en la existencia de este último--. En segundo lugar, pasan por alto una diferencia fundamental: las afirmaciones científicas son susceptibles de ser verificadas por cualquier contradictor, falsables en principio, lo cual no ocurre con los dogmas religiosos.

Si la ciencia se nutre del desacuerdo, en asuntos religiosos la disensión se castiga a menudo con el ostracismo, o incluso con la muerte. Al escéptico que insiste en negar que la Luna sea un objeto lejano y enorme se le podría sugerir que intente observarla una noche cualquiera en que sea visible, a través de la ventanilla de su automóvil. El incrédulo notará algo que maravilla a todo niño: la Luna “lo sigue” a lo largo del viaje, atravesando nubes, dejando atrás casas, graneros, torres de energía, y por último los objetos más distantes que se alcanzan a divisar en el horizonte. Es obvio que cada objeto, entre más cercano, más rápido quedará atrás a medida que nos desplazamos. El hecho de que la veamos siempre en frente, sin importar cuán rápido avancemos, sugiere que su distancia deberá ser muchísimo mayor que la de cualquier otra cosa sobre el paisaje. Y el escéptico podrá inferir su enorme tamaño sin necesidad de apelar a la autoridad de los astrónomos, solo teniendo en cuenta que su diámetro aparente es de poco más de medio grado. Un telescopio casero y un cronómetro ordinario es todo lo que se requiere para refutar la creencia popular de que la tierra demora 24 horas en dar una vuelta completa sobre su eje: basta enfocar cualquier estrella en el centro de la lente ocular, y esperar hasta la noche siguiente. Transcurridas 23 horas, 56 minutos y 4 segundos, podremos constatar que la estrella ocupará de nuevo el centro del campo visual, lo cual indica que nuestro planeta tardó este tiempo en dar un giro completo sobre su eje (veinticuatro horas corresponden al día solar medio, lo que demora el Sol en volver a ocupar el punto más alto en el cielo).

En comparación, ¿cómo convencernos de la existencia de una vida más allá de la muerte, algo de lo cual hay tanta evidencia como que Papá Noel o el Ratón Pérez son seres reales? ¿Y por qué más bien no creer, como proponen las religiones dhármicas, en la reencarnación de las almas?También existe la posibilidad de que continuemos existiendo como alcornoques, o parásitos intestinales, o escarabajos estercoleros, aunque dudo que semejante promesa pueda conquistar muchos adeptos.

Es verdad que creemos en un sinnúmero de afirmaciones sin que jamás las hayamos comprobado. No obstante, nuestra confianza en la ciencia no solo se debe a su carácter empírico. Sus afirmaciones forman un complejo entramado que se refuerza entre sí, y el cual se desmoronarían como un castillo de naipes si sólo una fuese falsa. Un creacionista bíblico que de alguna manera probara que la Tierra no tiene más de seis mil años de antigüedad, echaría por tierra las mediciones cósmicas, refutaría de paso la teoría del decaimiento radiactivo e invalidaría los métodos de datación; falsearía la teoría que explica la existencia de sólidos depósitos de lava de varios kilómetros de espesor, y convertiría las teorías de los geólogos en un compendio de disparates. Mostraría además cuán errónea es la explicación sobre la formación de las grandes barreras coralinas, y cuán fraudulento es el inmenso registro fósil, desde los antiguos estromatolitos hasta los más recientes fósiles prehomínidos.

Si así fuese, lo que llamamos ciencia no sería más que una conspiración de proporciones monstruosas. Aceptar como válido el creacionismo bíblico, para continuar con el ejemplo, implica descoser una malla de hechos factuales, muy a pesar de que debamos aceptar más de uno por fe. ¿Acaso ya no mostramos profunda fe en la ciencia cuando nos sometemos a una operación de corazón abierto sin que siquiera hayamos comprobado por nosotros mismos la teoría circulatoria de Harvey?