¿Está regido el mundo subatómico por leyes distintas a las del mundo macro o las mismas leyes son percibidas distintas en ambos mundos? Un nuevo experimento con átomos de cesio sugiere que la observación elimina la superposición en el mundo macro
Por Glenys Álvarez
Imagina que lances una bola de papel a la papelera y que obtengas dos resultados distintos: una bola de papel está ahora dentro de la papelera, pero la misma bola también se encuentra fuera de ella. No estamos acostumbrados a este tipo de resultados en nuestro mundo de física clásica, pero es lo que ocurre en la cuántica todo el tiempo. La física aún no sabe con precisión si en el mundo real eliminamos de nuestra percepción los demás resultados cuánticos o si ambos mundos reaccionan a reglas distintas. Precisamente, en esta ocasión un equipo de investigadores de las universidades de Bonn en Alemania y Hull en el Reino Unido, ha hecho un experimento observando esta rareza conocida como superposición. El grupo usó átomos de cesio y observaron de forma indirecta que uno toma dos trayectorias simultáneamente.
La cuántica nos habla de una perspectiva distinta que no somos capaces de percibir con los sentidos que poseemos. Científicos como Heisenberg y Schrödinger, para nombrar sólo un par, vienen relatando esta interesante y cuántica historia desde hace décadas (creo que con el segundo comenzó el gusto por los gatos para estos experimentos) una historia que Einstein tampoco supo interpretar correctamente ya que es distinto del mundo de la también extraña física 'clásica'.
Por lo tanto en nuestra realidad, la bola de papel que lanzamos a la papelera cae dentro de ella o no, las dos cosas no ocurren al mismo tiempo como en la superposición cuántica. Como lo expuso el doctor Andrea Alberti del Instituto de Física Aplicada en Bonn, existen dos diferentes interpretaciones para este gran tema, o somos distintos de la cuántica o simplemente producimos un mundo macro con las mismas reglas subatómicas.
“La mecánica cuántica permite estados de superposición de objetos grandes y macroscópicos. Pero estos estados son muy frágiles, incluso seguir la pelota con los ojos es suficiente para destruir la superposición y hacer que siga una trayectoria definida”.
Eso es algo realmente extraño, que la simple observación de un proceso lo selle en una trayectoria específica y no en otra; nos hace pensar sobre multiversos y mundos paralelos. No obstante, es una de las claves en los experimentos teóricos de Schrödinger con su gato en una caja, una vez observamos lo que ocurre, sellamos un resultado y erradicamos el otro. Como dijimos anteriormente, no todos piensan igual, algunos aseguran dentro de una teoría macrorrealista, que los elementos en el mundo macro obedecen leyes físicas distintas a las del mundo subatómico.
"El reto era desarrollar un esquema de medición de las posiciones de los átomos que nos permitiera falsificar teorías macrorrealistas", añadió Alberti.
Los resultados del experimento concluyen que durante la superposición, la observación del resultado erradica uno de los caminos, es decir, la observación sella uno de los resultados eliminando el otro. Para elaborar el experimento, los investigadores agarraron un átomo de cesio con una pinzas ópticas y lo arrojaron en dos direcciones distintas y opuestas, tirando del átomo en el proceso. En el mundo macro, el objeto llegaría a sólo una posición final, en el cuántico, sin embargo, los átomos tomaron dos distintas y de forma simultánea. El experimento mostró precisamente eso, el átomo se superpuso en dos lugares al mismo tiempo.
“Lo que hemos hecho es determinar de la forma más sutil posible la posición final del átomo a través de medidas indirectas", explica Carsten Robens, uno de los miembros del equipo.
De hecho, la imagen indica que hasta tales mediciones indirectas pueden modificar significativamente el resultado de los experimentos. Supongamos que tenemos dos contenedores y un gato (otra vez) "está escondido debajo de uno (a) pero no sabemos cuál, ahora bien, si levantamos tímidamente el que está a la derecha (b) y lo encontramos vacío, llegaremos a la conclusión de que el gato está en el otro que no hemos tocado. Ahora bien, si en vez del derecho levantamos el izquierdo, habríamos molestado al gato (c) y tendríamos que desechar la medida. En el mundo macrorrealista, este esquema de medición no tendría influencia alguna sobre el estado del gato, pero en el mundo cuántico hasta una medida negativa que revele la posición del gato, como en (b), ya sería suficiente para destruir la superposición cuántica e influir en el resultado del experimento. Los físicos de Bonn han observado exactamente este efecto", escribieron los investigadores.
“Esta observación excluye o falsifica, como lo expondría Karl Popper, la posibilidad de que los átomos de cesio sigan una teoría macrorrealista. En su lugar, los resultados experimentales se adaptan bien a una interpretación basada en estados de superposición que se destruyen cuando se produce la medición indirecta. Todo lo que podemos hacer es aceptar que el átomo ha tomado diferentes caminos de forma simultánea”.
Los científicos son cautos en hacer afirmaciones hasta elaborar más confirmaciones del evento.
"El siguiente paso es separar las dos posiciones del átomo de cesio varios milímetros. Si nuevamente encontramos la superposición, la teoría macrorrealista sufriría un nuevo revés”, explica Alberti.
Crédito de imagen: Andrea Alberti / www.warrenphotographic.co.uk
Puedes leer el artículo en inglés aquí: https://journals.aps.org/prx/abstract/10.1103/PhysRevX.5.011003
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martes, 20 de enero de 2015
En dos lugares el mismo tiempo
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Albert Einstein,
átomos de cesio,
cuántico,
experimento,
física clásica,
física cuántica,
gato,
Heisenberg,
macro,
Schrödinger,
subatómico,
superposición
lunes, 7 de abril de 2014
El reloj más exacto del mundo (otra vez)
El Instituto Nacional de Estándares y
Tecnología en Estados Unidos, anunció oficialmente la semana
pasada, un nuevo reloj atómico capaz de medir el tiempo con tres
veces mayor precisión.
Por Glenys Álvarez
Vivimos en un mundo donde la palabra
'nano' parece grande. La tecnología se actualiza a la velocidad de
un neutrino y una civilización de teléfonos inteligentes, alta
tecnología meteorológica y sistemas de posicionamiento satelital o
GPS, requieren de una cronometría cada vez más precisa, de hecho,
hoy el tiempo es medido con una escrupulosidad en una milmillonésima
parte de un segundo, estamos hablando de frecuencias cuánticas.
Precisamente, los relojes atómicos se encuentran en laboratorios
donde son controlados, manteniendo estables específicas variables ya
que medir el tiempo hoy en día quiere decir adentrarse en un átomo
del elemento Cesio y determinar su vibración natural, esa vibración
determina la longitud de un segundo.
Los investigadores miden esta vibración
utilizando láseres. En el laboratorio, un grupo de 10 millones de
átomos de cesio es lanzado o impulsado hacia arriba por estos
láseres dentro de una cámara que mide unos 92 centímetros; el
grupo pasa por un haz de microondas que lo descompone. En ese
momento, algunos de los átomos son impulsados aún más arriba al
pasar por un estado de energía más alto, lo que hace que emitan
luz. Cuando la mayoría de los átomos en el cesio han sido
impulsados a un nivel más alto, la luz emitida, por supuesto, es
mucho más intensa y esa es la medida para saber la longitud del
segundo. Por el momento, el número que nos indica cuánto mide un
segundo es el siguiente: 9,192,631,770 Hz. Esta frecuencia de
resonancia natural del cesio, define la longitud de un segundo en el
mundo moderno.
El reloj que mide esta frecuencia es
llamado NIST-F1 y vive en el Instituto Nacional de Estándares y
Tecnología en Boulder, en el estado de Colorado en Estados Unidos.
Pues bien, el pasado 3 de abril, NIST introdujo un reloj atómico
mucho mejor, basado también en la fuente de cesio pero capaz de
medir la longitud del segundo con una precisión tres veces mejor que
el anterior, no por poco ha sido certificado recientemente por la
Oficina Internacional de Pesas y Medidas como el medidor del tiempo
más preciso del mundo. De hecho, los investigadores indican que
llevan décadas desarrollando este nuevo reloj que han llamado
NIST-F2.
“NIST -F2 tiene una precisión de un
segundo en 300 millones de años”, explicó Thomas O'Brian,
director de la división de frecuencia en NIST. “Este nuevo sistema
alcanza una temperatura de -158 grados Celsius, eliminado así el
exceso de radiación y reduciendo el desplazamiento”.
Estos estándares atómicos realmente
mantienen la esencia del internet ya que sincronizan las redes
digitales, los teléfonos y los satélites de posicionamiento. Los
científicos agregan, además, que estos átomos operan bajo
condiciones realmente tensas, por ello los laboratorios controlan
rigurosamente el entorno, como los cambios de temperaturas, la
vibración significativa o el cambio de los campos magnéticos, ya
que pueden obstaculizar la exactitud en la medición.
El reloj atómico hace uso de la
consistencia en el universo para mantener el tiempo coherente. Cada
protón tiene exactamente la misma masa, tamaño, carga, y demás que
cualquier otro protón, pero dos péndulos no son siempre lo mismo.
Por lo tanto, si construyes un reloj atómico en cualquier parte del
universo, llevará siempre el mismo ritmo que todos los otros relojes
atómicos. Y ese es un gran rendimiento. Por ejemplo, si un montón
de relojes de cesio, como los de NIST, arrancaran juntos a medir el
tiempo justo después de la Gran Explosión, hoy el margen de error
entre todos sería de un minuto y medio. Esa consistencia es
realmente fascinante.
Hoy vivimos en un mundo donde el tiempo
no es determinado por la rotación del planeta. Donde un segundo ya
no se define como los 86,400 de una rotación terrestre sino como la
“duración de 9,192,631,770 períodos de la radiación
correspondiente a la transición entre los dos niveles hiperfinos del
estado fundamental del átomo de cesio 133”. Ciertamente, son
medidas extremadamente exactas para el quehacer del humano promedio,
hasta para el GPS son ultra exactas. Los científicos, tecnólogos y
demás personas aficionadas, pueden medir con estos relojes, sin
embargo, hasta la velocidad de un rayo de neutrinos.
“En un futuro no muy lejano, vamos a
terminar redefiniendo el segundo”, dijo Steve Jefferts, director
del proyecto.
En la imagen vemos a los físicos Steve
Jefferts (primer plano) y Tom Heavner, con el nuevo reloj atómico,
NIST-F2.
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