martes, 21 de abril de 2015

Manifiesto contra el auge del posmodernismo anticientífico

Martí Jiménez Mausbach

B.Sc Student in Biomedical Sciences

"La acusación de cientificista me enorgullece. El cientificista es un tipo que sostiene que todo lo cognoscible se puede conocer mejor utilizando el método científico en lugar de la improvisación o de la especulación desenfrenada."
-Mario Bunge

Por: Martí Jiménez Mausbach, @MartiJim7


Me preocupa como el movimiento antivacunas, extendido en las regiones más ricas del mundo, ha provocado la peor epidemia de sarampión en los últimos 20 años. Me preocupa que grupos políticos pierdan el tiempo promoviendo mociones contra la imaginaria conspiración de los chemtrails o las ondas no ionizantes. Me preocupa ver carteles publicitando cursos de risoterapia o de reiki en establecimientos de comercio justo. Me preocupa que en una iniciativa ciudadana como el Multireferéndum 34.204 personas votaran en contra de los transgénicos, mientras dos tercios de los españoles no saben que los tomates tienen genes. Me preocupa ver a comisiones de espiritualidad bailando en torno a una mazorca de maíz en acampadas en Sol. Me preocupa que el viejo continente esté dejando escapar el potencial de la biotecnología agraria por fundamentalismos tecnófobos. Me preocupa que a finales del año pasado, el presidente de la Comisión Europea eliminara el cargo de asesor científico por las presiones de Greenpeace. Me preocupa que cada vez más gente considere incompatible, con el activismo político, una posición escéptica hacia un amplio abanico de pseudociencias, que abarcan desde la reflexología al psicoanálisis. Me preocupa que una amplia masa social de izquierdas siga desconfiando de la ciencia, al considerarla parte del stablishmentcapitalista. Me preocupa, en definitiva, el auge de un intelectualismoNew Age, relativista posmoderno, pseudocientífico o incluso profundamente anticientífico.

Pseudociencia y posmodernismo han convergido en la última década, dando lugar a un movimiento que rechaza la posibilidad de determinar si las asunciones sobre el mundo natural y social son demostrables o falsables, correctas o incorrectas, y como consecuencia, sitúan al mismo nivel las argumentaciones científicas y pseudocientíficas. Esta falta de jerarquización entre paradigmas se fundamenta en la imposibilidad de establecer un criterio objetivo que permita discernir la verdad de la mentira, un filtro que evalúe qué proposiciones y teorías son aceptables y cuáles no. De esta manera, los relativistas posmodernos tienden a ver con buenos ojos aquellas teorías que parecen apoyar sus objetivos personales o políticos. Relativizan el valor del conocimiento científico y lo ponen en pie de igualdad con el conocimiento adquirido mediante otras tradiciones culturales. Han abandonado la idea clave de que la acción política ha de estar al servicio de los seres humanos, de su dignidad, libertad e igualdad y no de los intereses particulares y temporales.

“Don't let Deepak Chopra manage your change program.” 
― Paul Gibbons



Así pues, invocan a la ciencia para defender la veracidad del cambio climático y al mismo tiempo, no dudan en despreciarla para oponerse a los transgénicos. Pretenden echar a los dogmas religiosos de la escuela pública pero incorporar la homeopatía a la sanidad pública. Se oponen a las teorías creacionistas pero defienden la existencia de una energía espiritual que emana del cosmos y son fans de Paulo Coelho. Abogan por una democracia informada pero renuncian a primar la racionalidad a la hora de hacer propuestas políticas. Se autodenominan progresistas y abogan por un tejido industrial productivo e innovador pero transpiran pensamientos neoluditas y proclaman soflamas sobre el necesario decrecimiento. De hecho, los primeros intelectuales de esta izquierda contrailustrada nunca aceptaron la Revolución Industrial. Alemania fue la excepción por ofrecer buena formación tecnológica ya en las décadas de 1830 y 1840.

La izquierda neoromántica anticientífica confunde, interesadamente, ciencia con tecnología y no son pocas las veces en las que un uso perverso de ciertas tecnologías sirve para impugnar el conocimiento científico en su conjunto. Conviene afirmar que la ciencia sí es axiológicamente neutra, mientras que, desarrollar una técnica, implica descartar ciertas posibilidades en favor de otras por lo que influyen valores, intereses, sesgos e ideologías.

No cuestiono el principio democrático para la toma de decisiones en instituciones legislativas, referéndums o proyectos participativos. Pero no debemos caer en la trampa del relativismo democrático mayoritarista jacobino, prescindiendo de la ciencia con Argumentum ad populum. Como afirma, magistralmente, Juan Ignacio Pérez, @Uhandrea, ésta constituye “una de las mayores herramientas para lograr la emancipación de los seres humanos de las servidumbres de toda condición, tanto de las impuestas por los poderosos como por la naturaleza.”

Porque cabe recordar, ante todo y pese a todo, cuáles son los valores de la ciencia: Rigor, espíritu crítico y autocrítico, antidogmatismo, escepticismo, universalidad, racionalidad, honradez intelectual y pasión. Vale la pena luchar por ellos. Por favor, que muera el oscurantismo, que vuelvan las luces y el debate racional. 

"I worry that, especially as the Millennium edges nearer, pseudoscience and superstition will seem year by year more tempting, the siren song of unreason more sonorous and attractive. "
-Carl Sagan


2. http://www.ecestaticos.com/file/bbc98691ea33c08d4426631296f54ae1/1419365072.pdf  
6. http://mueralainteligencia.com/2013/06/04/juan-ignacio-perez-sectores-sociales-ideologia-mantienen-espacios-irracionalidad/


Lecturas recomendadas:

-MULET, José Miguel (2011) Los productos naturales ¡vaya timo!, Laetoli, Pamplona.
-SAGAN, Carl (1997), El Mundo y sus demonios. La ciencia como una luz en la oscuridad. Editorial Planeta, Barcelona
-SINGER, Peter (1999) Una izquierda darwiniana. Política, evolución y cooperación, Crítica, Barcelona.
-SOKAL, Alan (2008) Más allá de las imposturas intelectuales, Paidós, Barcelona.
-BUNGE, Mario (2001) Crisis y reconstrucción de la filosofía, Gedisa, Barcelona.

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