miércoles, 22 de abril de 2009

Reflexiones en el Día de la Tierra

En este Día de la Tierra Sindioses.org desea recordar a nuestros lectores la importancia de apreciar la ciencia y sus descubrimientos para ayudar a conservar nuestro Planeta.

Frente a la amenaza planteada por el vertimiento de CO2 a la atmósfera algunos científicos se manifestaron escépticos frente al calentamiento global, aunque algunos lo hicieron porque deben sus cheques de salario de empresas que viven del petróleo y el carbón. Hoy en día el hecho que la subida de la temperatura de la atmósfera y los mares como consecuencia de la actividad humana es un hecho. Lo que se debate es la rapidez del cambio en el futuro y la intensidad de las consecuencias.

Frente a este problema demasiadas personas no han cambiado sus actos. Muchos porque sus condiciones económicas no se lo permiten (o talan los bosques o mueren de hambre), otras lo saben pero no hacen nada, y un grupo minoritario, pero afortunadamente en aumento esta cambiando sus hábitos y corriendo el mensaje.

Los datos que estamos cambiando la composición de la atmósfera que nos viene desde muestras de hielo antiguo que guardan en sus burbujas pequeños fragmentos del aire del pasado atestiguan que desde la revolución industrial hemos estado alterado esa fina capa de gases sin la cual nuestro Planeta seria yermo.

Es por esto que caen tan bien las palabras del ateo Carl Sagan cuando dijo: “La época actual es una encrucijada histórica para nuestra civilización y quizás para nuestra especie. Sea cual fuere el camino que sigamos, nuestro camino está ligado indisolublemente al de la ciencia.”

En su obra Miles de Millones Sagan se toma muchas páginas para hacernos reflexionar sobre el medio ambiente:

"En este planeta, también nosotros —plantas, animales y microorganismos— somos interdependientes, respiramos y comemos los desechos de otros. Del mismo modo, la vida en nuestro mundo está impulsada por la luz. Esa luz solar que atraviesa el aire transparente es recogida por las plantas y les proporciona la energía para, combinando el dióxido de carbono y el agua, producir hidratos de carbono y otras sustancias alimenticias, que a su vez constituyen la dieta de los animales.

Nuestro gran mundo es muy semejante a aquél en miniatura (hablando de un acuario con un camarón), y de hecho nos parecemos mucho al camarón. Pero existe al menos una notable distinción: a diferencia del crustáceo, el ser humano es capaz de alterar el medio ambiente. Podemos hacer con nosotros mismos lo que un propietario negligente podría hacer con los crustáceos. Si no tenemos cuidado, es posible que calentemos el planeta a través del efecto invernadero, o bien que lo enfriemos y oscurezcamos tras una guerra nuclear o el incendio masivo de los campos petrolíferos (o por hacer caso omiso del riesgo que supone el impacto de un asteroide o de un cometa). Con la lluvia ácida, la disminución del ozono, la contaminación química, la radiactividad, la tala de los bosques tropicales y una docena más de otras agresiones al entorno, estamos empujando este pequeño mundo hacia vías apenas conocidas. Nuestra civilización pretendidamente avanzada puede estar alterando el delicado equilibrio ecológico que ha evolucionado tortuosamente a lo largo de los 4.000 millones de años de existencia de la vida en la Tierra."

Una de los factores que más afectan al ambiente es el tamaño de la población humana. Un tema que Sagan también aborda en su obra “Miles de Millones”. Entre más humanos mayor demanda de alimentos, agua y espacio, y también mayor cantidad de desechos, especialmente en una sociedad de consumo en la que vivimos.

El experto en ecología John Feeney ha dicho recientemente que es importante retomar el debate sobre la sobrepoblación. En una columna escrita para la BBC dijo:

“La mayoría de los científicos que se dedican a estudiar la naturaleza están de acuerdo en que nuestro crecimiento demográfico y nuestro impacto descontrolado sobre el ambiente natural nos están llevando inexorablemente hacia calamidades de magnitudes impensables…

Nuestras posibilidades de evitar semejante destino dependen de nuestra capacidad de controlar nuestros números antes de que la naturaleza lo haga por nosotros.
Hace falta que volvamos a centrar la discusión pública en la población.

A fin de cuentas, los niveles de consumo per capita se multiplican con el tamaño poblacional para determinar nuestro consumo global de recursos.

Basta mirar los datos del grupo Red Mundial de Huella Humana (Global Footprint Network en inglés). Ellos estiman que seguiremos sobregirados en el uso de recursos a no ser que resolvamos el tema poblacional.

Las soluciones no emanan del silencio. Hace falta que volvamos a centrar la discusión pública en la población.”


Para la Iglesia Católica abordar el tema de la sobrepoblación en impensable, porque implica el uso de medios anticonceptivos y en algunos casos el aborto temprano o en casos de violación. Sin embargo, el tamaño de nuestra población es una plaga de proporciones bíblicas.

Afortunadamente muchas personas no hacen caso en esto al Santo Padre, pero aún falta que muchas de las conclusiones a las que ha llegado la ciencia lleguen al público en general para que contribuyan con su grano de arena a frenar el calentamiento global, el desperdicio de agua, el trafico de fauna silvestre, y la producción de desechos.

Lea la nota completa del especialista Feeney en:
news.bbc.co.uk/hi/spanish/science/newsid_7866000/7866283.stm

Y usted ¿qué piensa?